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| 03/03/2016

El éxito de una red imparable

IGA nació en el corazón del país, en medio de una de las peores crisis económicas y sociales de la historia argentina. Este panorama marcó de alguna manera su espíritu, con una visión de superación constante, más allá de los obstáculos.

Por Redacción

La ciudad cordobesa de San Francisco, y la santafesina Rafaela, fueron las primeras en las que IGA marcó una diferencia gastronómica, allá por el 2001. 

Luego del éxito de estas experiencias iniciales, y apenas un año después de su creación, dio el primer gran paso, con la apertura de la sucursal de Córdoba. Hoy son 59 las filiales argentinas, y en vistas está la número 60, que promete ser la más austral de la red.

El objetivo fue llenar un vacío en el mapa educativo gastronómico, en donde las opciones hasta aquel momento eran o bien un profesional con una fuerte carga teórica, o bien la capacitación de un cocinero raso, que sólo supiera cocinar. Imprimiendo el espíritu emprendedor en la malla curricular, IGA supo poner el foco en un cocinero profesional e integral, que supiera moverse con comodidad en todos los puestos, pero que también pudiese autogestionarse, a través de materias como el Marketing Gastronómico, o la Administración, gestionando sus propios emprendimientos.

Además, a través de sus cursos cortos, IGA brindó la oportunidad de acercar la cocina a un público más amplio, que hoy tiene una percepción positiva del trabajo del cocinero. Se ha convertido en la red de capacitación gastronómica más importante de Latinoamérica, con más de un centenar de filiales en siete países, todas con el mismo espíritu de excelencia y pasión.

En mejora constante, la red ha sabido mantener actualizado su contenido, sus instalaciones y su oferta académica, dándole al alumno todas las soluciones para el éxito futuro. Muchos graduados hoy se encuentran trabajando en sus propios negocios, o bien en cocinas de alta categoría alrededor del mundo. Esta es la visión de IGA.

EL CONCEPTO DE LA COCINA A LA VISTA

Desde su inicio, IGA buscó diferenciarse del resto, imprimiendo cambios vitales en la formación de los profesionales, marcando una nueva forma de cocinar y también de mejorar la percepción que el público en general tiene de la cocina. 

Ya en sus primeras sucursales se decidió que las instalaciones destinadas a la práctica estarían a la vista de todos los transeúntes. Con esto, se brindaba transparencia en la elaboración, demostrando la inmejorable higiene de los espacios y el desempeño de los potenciales cocineros.

Hoy, IGA es literalmente una vidriera al detrás de escena de la gastronomía, un mundo generalmente vedado para aquellos que aman comer y frecuentan restaurantes de todas las categorías.

Con sus cocinas a la vista, IGA busca diferenciarse y echar luz sobre el proceso de formación de sus alumnos, habilitando el ingreso a un mundo generalmente vedado a los comensales.

7 PAÍSES

100 INSTITUTOS

1000 DOCENTES

32000 ALUMNOS

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