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| 20/06/2019

Llegaron para quedarse

La Selección Argentina de fútbol femenino brindó un gran espectáculo en el Mundial, a pesar de no haber clasificado a octavos, que siembra la esperanza de un deporte con mayor protagonismo.

Es el tiempo de la mujer en muchos lugares pero sobre todo en Argentina. La revolución de las mujeres en nuestro país logró cristalizar muchas luchas y la que está dando el fútbol femenino es una más que se inscribe en ese momento histórico.

Con la abanderada Macarena Sánchez primero se visibilizó una problemática que comenzó a cambiar con la profesionalización del fútbol femenino y que continúa de la mano de este seleccionado que disputó el Mundial de Francia, quedando afuera en la primera fase pero que logró que el pueblo futbolero u otros pongan la atención en los apasionantes partidos que disputaron las chicas consiguiendo lo que nunca: dos puntos en el evento más importante y anotar tres goles en un partido para igualar 3-3 luego de ir perdiendo 0-3 ante Escocia, remontada inédita en la historia de los mundiales femeninos.

Dos puntos, producto de dos empates y una derrota ante Inglaterra, tan solo por uno a cero. Dos puntos en un contexto desigual al que las dirigidas por Carlos Borrello antepusieron el alma, el corazón y el juego. Sí, también el juego. Porque lejos de los dos primeros encuentros donde el repliegue fue la característica de un equipo que intentó neutralizar a los rivales para luego apostar a la capacidad técnica de Estefanía Banini; en el último partido frente a Escocia jugó un primer tiempo para el recuerdo y que puede servir de puntapié para lo que viene. Allí tomó el protagonismo a través de la posesión de la pelota y dominó el espacio llevando el juego al área escocesa sin la suerte deseada porque si el cabezazo de Mariana Larroquette, que pegó en el travesaño (luego de una gran pared en el sector opuesto entre Banini y Florencia Bonsegundo), hubiese entrado, quizás estaríamos hablando de otra cosa.

Un contexto desigual porque la historia de la formación de estas chicas dista kilómetros de comparándola con sus rivales. Tantos kilómetros como la separación que hay entre Argentina y Escocia. Mientras las argentinas tenían que esconderse para poder jugar al fútbol en sus edades tempranas, luchando contra una sociedad machista que las excluía de la posibilidad del aprendizaje; en Europa la diferencia entre fútbol femenino y masculino, en ese sentido, es cada vez menor.

Solo un ejemplo para graficarlo: El de Lorena Benítez, mediocampista argentina que en sus inicios tuvo que jugar con varones cambiando su identidad para poder hacerlo. En este tiempo se levanta todos los días a la una de la mañana para ir a trabajar, sale a las 14 horas, se va a entrenar y de regreso cuida a sus dos hijos.

Las chicas hicieron lo que debían y como escribió Ayelén Pujol en Página 12 consiguieron el mejor resultado: mostrar el camino y sentar las bases para el cambio definitivo para que el Mundial de Francia sea un antes y un después para el fútbol femenino argentino.

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