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| 02/03/2018

La estupidez ganó nuevamente en una cancha de fútbol

En el partido que Sarmiento le ganó a Deportivo Baigorrita por el Nocturno local, la noche terminó entre piñas y patadas entre el público. Un escenario triste e indignante.

“¿Qué pasó, papá?”, “¿Por qué se pegan?”, la voz temblorosa mi nene de cinco años me interroga una vez fuera de la cancha. Entre indignado y triste, ensayé una respuesta que no lo preocupe aún más y que no le saqué las ganas y la ilusión que le despiertan siete palabras juntas cada vez que se las digo: ”Vamos a ver un partido de fútbol”.

En la noche del jueves Sarmiento y Deportivo Baigorrita se enfrentaron por el Nocturno en la cancha de Newbery. El que ganó fue El Verde, pero a esta altura la importancia del resultado es anecdótica. Imposibilitado muchas veces de llevar a mis hijos a la cancha por mi trabajo de periodista, ayer tenía dos ofertas y elegí el partido que pensé iba a ser más tranquilo. Pero me equivoqué.

Adentro, el partido fue intenso y Sarmiento mostró su superioridad que finalmente pudo plasmar en el marcador y los 90 minutos terminaron calentándose dentro de la cancha, incluso hasta luego que el árbitro diera por finalizado el encuentro con algunos jugadores de Baigorrita amedrentando a los de Sarmiento.

Afuera, la naturalización de la estupidez. A lo largo de los años se ha impuesto como natural en el fútbol que un hincha, pariente o allegado, insulte a los protagonistas. Los policías, a dos metros, miran y no dicen nada como si se tratara de una práctica de lo más normal. En el partido de ayer sucedió que además, entre los 30 o 40 familiares de Sarmiento que había en la tribuna local de la cancha de Newbery, también se encontraban 5 o 10 de Baigorrita. Entonces al insulto de un lado se sumó la contestación del otro y finalmente, cuando terminó el partido, las piñas.

Uno que baja y le dice a otro “yo soy el que te puteaba, vení ahora” y así sin más se desata la pelea que termina con patas, gente en el piso, señoras y otras yerbas agarrándose a piñas en un partido de fútbol entre la primera amateur de Sarmiento y Deportivo Baigorrita.

Padres, hermanos, madres, hijos, exjugadores de fútbol metidos en una riña presenciada por niños a dos metros de distancia. Un escenario triste, que se repite por las canchas de todo el país y que muchas veces no se llega a producir por obra exclusiva de la casualidad.

Fui a ver un partido de fútbol con los chicos, una de las pocas veces que el trabajo me lo permite, con la ilusión de contarles los valores que tiene este hermoso deporte: La solidaridad, el compañerismo, el respeto al rival, el amor por el juego. Sin embargo me volví repleto de preguntas: ¿Cómo persuado a mi hijo que eso no es el fútbol? ¿Vale la pena seguir yendo a un lugar donde nadie hace nada por evitar que este tipo de hechos ocurran? ¿Cómo hago para sacarle ese miedo de los ojos con el que se fue a dormir?

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