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| 30/05/2019

Pobreza extrema

Por Fidel Sánchez

Hace cinco años el Grupo Banco Mundial estableció dos objetivos primordiales: poner fin a la pobreza extrema para el 2030 y promover la prosperidad compartida aumentando los ingresos del 40% más pobre de la población en cada país.

Como se documenta en el informe titulado "La pobreza y la prosperidad compartida" que se publica este año, el mundo sigue realizando avances en la lucha para poner fin a la pobreza. En 2015 alrededor de la décima parte de la población mundial vivía en la pobreza extrema, la tasa más baja desde que se lleva un registro de la pobreza. Este logro es notable teniendo en cuenta que en 1990 más de un tercio de la población del planeta vivía en la pobreza extrema. Desde el informe sobre la pobreza a nivel mundial que se publicó hace dos años, el número de pobres se ha reducido en 68 millones. Sin embargo, no debemos dar el éxito por sentado. La pobreza está aumentando en varios países de Africa del sur del Sahara, así como en estados frágiles y afectados por conflictos.

La pobreza no implica únicamente la carencia de ingresos y de consumo, también se manifiesta en forma de niveles educativos bajos, resultados insatisfactorios en salud y nutrición, falta de acceso a servicios básicos y un entorno peligroso. Si queremos poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo se establece en los objetivos de desarrollo sostenible, debemos entender y medir la pobreza en todas sus manifestaciones. El presente informe contiene resultados del primer ejercicio llevado a cabo por el Banco Mundial en el que se midió la pobreza multidimensional a nivel mundial teniendo en cuenta los componentes múltiples y coincidentes de la pobreza.

Tradicionalmente la pobreza se mide a nivel de los hogares. Sin embargo, dado que existe desigualdad en el seno de las familias, es indudable que algunas personas viven en la pobreza dentro de los hogares que no son pobres. los datos y métodos actuales no nos permiten tener en cuenta la desigualdad intrafamiliar en la mayoría de los países, por lo cual en un capítulo del informe se examina una selección de estudios sobre países donde ello es posible, y se describe el modo en que esto afecta el perfil de pobreza, inclusive por género y edad.

Los objetivos de poner fin a la pobreza extrema y promover la prosperidad compartida seguirán guiando nuestra labor. El nuevo conjunto de líneas y mediciones de la pobreza amplía la manera en que concebimos la pobreza. Como queda demostrado en este informe, la adopción de un enfoque más amplio pone de relieve que aún nos queda un largo camino por recorrer para liberar al mundo de la pobreza en todas sus dimensiones. Están mal provistos en elementos esenciales en bienestar, como la atención de la salud y el saneamiento y, con frecuencia, están expuestos a peligros naturales e inseguridad física.

En 1990, el 36% de los habitantes del mundo vivía en la pobreza extrema, definida por la UP como un ingreso inferior a 1,90 dólares por día en paridad del poder adquisitivo (PPA) de 2011. Para el 2015, ese porcentaje se había reducido al 10% , una disminución respecto del 11,2% registrado en el 2013. En el 2018, 736 millones de personas vivían en la pobreza extrema, lo que representa una disminución respecto de los casi 2.000 millones registrados en 1990.

A pesar de la desaceleración del crecimiento mundial durante los últimos años, entre 2013 y 2015, el número total de personas que vivían en la pobreza extrema se redujo en más de 68 millones, un número aproximadamente equivalente a una población de Tailandia o del Reino Unido.

Desde 1990, decenas de millones de personas han escapado de la pobreza cada año, lo que ha generado entre 1990 y 2015 una disminución promedio de un punto porcentual por año en la tasa mundial de pobreza extrema. Gran parte de los avances de los últimos 25 años se registraron en Asia oriental y el Pacífico, donde el auge económico de China ha permitido que millones de personas salieran de la pobreza.

Los países de esta región pasaron de una tasa promedio de pobreza extrema del 62% en 1990 a menos del 3% en el 2015. Más recientemente, Asia Meridional ha realizado enormes avances en la lucha contra la pobreza extrema, que han contribuido a reducir aun más la tasa mundial. El número de pobres en Asia Meridional disminuyó a 216 millones de personas en el 2015, mientras que en 1990 ascendió a 500 millones.

Estas dos regiones han logrado buenos resultados en el otro objetivo primordial del Banco Mundial: aumentar la prosperidad compartida para garantizar que las personas relativamente pobres de las sociedades participen en el éxito económico y obtengan sus beneficios. Este objetivo se mide mediante el seguimiento de la tasa promedio de aumento de los ingresos del 40% más pobre de la población de cada país. A ese respecto, los avances en Asia oriental y el Pacífico y en Asia meridional son aún más impresionantes debido a que en esas regiones el crecimiento económico se comparte. Según las estimaciones más recientes para el período 2010-2015 el ingreso del 40% más pobre en esas regiones aumentó, en promedio, el 4,7% y el 2,6% respectivamente.

Sin embargo los grandes avances en la lucha contra la pobreza en estas regiones contrastan marcadamente con el ritmo mucho más lento de la reducción de la pobreza en Africa del sur del Sahara donde la pobreza extrema se está concentrando, cada vez más, debido a las tasas de crecimiento más lentas de la región, los problemas causados por conflictos e instituciones débiles y el poco éxito logrado para traducir el incremento en un menor número de pobres.

En síntesis, la pobreza extrema se está convirtiendo de manera creciente, en un problema de Africa del sur del Sahara.

Cuando se trata de medir la pobreza monetaria el punto de referencia es de 1,90 dólares para determinar la medida en que las personas pueden cubrir sus necesidades básicas en los países más pobres del mundo.

Sin embargo, en el caso de las personas que viven en países con un nivel general de ingresos más elevados, es importante monitorear los avances utilizando líneas de pobreza más altas que reflejan el aumento de las necesidades en un mundo en crecimiento. Mediante el uso de estas nuevas líneas y mediciones en forma coordinada con la medición existente de la pobreza extrema -tanto en los países con altas tasas de pobreza extrema como en aquellos que casi la han desterrado- podemos monitorear mejor la pobreza en todos los países, en múltiples aspectos de vida y para todos los integrantes de cada hogar.

Este monitoreo más amplio nos puede proporcionar una comprensión más detallada de la naturaleza de la pobreza en todas sus formas.

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Arquitecto. Especialista en Impacto Ambiental en Carreteras. Desempeñó su actividad profesional en Vialidad Provincial. Facultad de Ingeniería, Universidad Nacional de Rosario.