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| 28/11/2019

Mató y violó a una joven en Junín hace diez años pero ya recuperó la libertad porque solamente tuvo juicio abreviado

Ocurrió en una casa del barrio Villa Talleres de nuestra ciudad en 2010. Lucila López tenía 19 años y había ido a un recital junto a su amigo Fernando Daniel Rafasquino. La violó, la asesinó y durmió con el cadáver. A pesar de la oposición de la familia, fue condenado a solo 9 años en un polémico juicio abreviado, acordado con el ex fiscal Roberto Rodríguez. Hace pocos días, la familia de Lucila se reencontró cara a cara con el femicida mientras bautizaba a su hija

Por Redacción

El 17 de abril del 2010, Almafuerte, la banda liderada por Ricardo Iorio, dio un show en Junín para unas cinco mil personas. Entre esas personas estaban Lucila López, una joven de 19 años, y su amigo Fernando Daniel Rafasquino de la misma edad. Los dos habían viajado en la mañana de ese sábado desde Bragado, su ciudad natal, especialmente para el show.

El plan consistía en ver el recital, dormir a la noche en un departamento que un conocido les había prestado cerca del centro juninense y luego volver al día siguiente en micro. Todo iba a la perfección. Lucila veía a una de sus bandas preferidas por primera vez. Al terminar fueron directamente al departamento, tal como estaba pautado.

Allí, su “amigo” la golpeó, la violó y la estranguló hasta asesinarla con la cena en la mesa, el plato de fideos que hicieron todavía sin comer. Rafasquino después durmió con el cadáver de Lucila hasta que a la mañana siguiente se entregó a la Justicia. Por el brutal femicidio le dieron solo 9 años de cárcel gracias a un polémico juicio abreviado que se firmó sin el consentimiento de la familia de la víctima y en el que tuvo que aceptar su culpabilidad. Por buena conducta, a los cuatro años ya estaba en la calle. El asesino confeso volvió hace algunas semanas a vivir en Bragado, a unas pocas cuadras de la casa de Lucila. El fin de semana la familia de la víctima se cruzó con el hombre en una iglesia mientras bautizaba a su hija recién nacida. Le hicieron un escrache en video, que ilustra esta nota y que se hizo viral en redes sociales.

“Nos da mucha dolor que esté viviendo cerca nuestro de nuevo. Cuando salió de la cárcel estuvo en Córdoba un tiempo y ahora volvió. Es un monstruo que se llevó a mi hija. Nunca entendimos cómo un hombre viola a una mujer, la asesina y solo le dan 9 años de los cuales cumple efectivamente 4. Nunca lo voy a entender. Algo extraño pasó ahí. Yo sé que teóricamente cumplió su pena, pero por favor pido que se pongan en mi lugar y entiendan que salgo a la calle y puedo cruzarme con el hombre que estranguló a mi hijita”, dice a Infobae Marisa, la madre de la víctima.

Una persona que conoce muy de cerca la historia de los dos jóvenes cuenta que Rafasquino, supuestamente, siempre quiso algo más que ser amigo de Lucila: “El chico estaba completamente obsesionado con ella. Quedó plasmado en los múltiples testimonios que pasaron por la causa. Le hablaba todo el tiempo, estaba con ella. Él quería estar un escalón por encima de una amistad normal, ella no”.

Rafasquino consiguió en el año 2014 que el fiscal Roberto Luis Rodríguez, que en ese momento estaba a cargo de la UFIJ 1 de Junín -ahora ya jubilado-, le otorgara la posibilidad de acceder a un insólito juicio abreviado. En otras palabras, evitó el juicio oral y lo resolvió de manera exprés. Para conseguir eso, el acusado tuvo que confesar el asesinato. Acordaron casi la pena mínima y firmaron una condena de 9 años por el delito de homicidio simple. Es decir que no tomaron en cuenta ninguno de los agravantes que tenía el caso y que podían haber llevado al acusado hasta la prisión perpetua. El fiscal pasó por alto que entre ellos había un vínculo claro, no le dio importancia a que pudo existir la alevosía, no tuvo en cuenta los golpes y mordeduras que Lucila recibió en todo el cuerpo y tampoco que el asesinato pudo haberse cometido para ocultar la violación.

Quizás lo más preocupante de todo es que el fiscal resolvió llevar adelante el juicio abreviado a pesar de saber que la familia se oponía, que querían realizar un juicio oral.


lUCILA LOPEZ, LA VICTIMA

Una obsesión

Para entender esta historia hay que comenzar en el otoño del 2008, en los primeros días de abril. Ese fue el momento en el que Lucila conoció a Fernando, cuando ambos comenzaron a cursar el secundario en una escuela nocturna. Se hicieron muy amigos. De a poco el joven empezó a ganarse la confianza de la chica. Compartían tardes y pasaban mucho tiempo juntos, aunque siempre en el plano de la amistad. “Nunca fueron novios”, coinciden los familiares y amigos de ella. Incluso fue él quien le acercó los primeros CD de Almafuerte.

“Nunca note nada extraño en él. Siempre me pareció un chico bueno, tímido y que hasta bajaba la cabeza cuando le hablabas y se ponía colorado. Yo nunca dejé que mi hija meta a nadie desconocido en casa pero parecía tan buenito que se pasaba tardes enteras en el living escuchando música y tomando mate. Inclusive en ese año conocimos a los padres que vivían muy cerquita de casa”, cuenta Marisa.

A fines de 2009, aún con Lucila y Fernando estudiando en la nocturna, la banda de Iorio anunció una gira a nivel nacional que incluyó distintas ciudades del interior de la provincia de Buenos Aires y del país. Cuando la joven se enteró, no dudó ni un minuto en contarle a su amigo y coordinar para ir juntos. Rafasquino se encargó de comprar las entradas y armar la logística. Con el correr de los días, Lucila invitó a sus amigas a que se sumen a la travesía metalera pero ninguna quiso acompañarla. Rafasquino le dijo a su compañera de secundario que unos amigos iban a ir en auto y que podrían viajar con ellos, que luego se quedarían todos en un departamento prestado y que a la mañana siguiente volverían a Bragado. Le mintió. Pronto quedaría demostrado que él tenía otros planes.

El sábado 17 de abril, el día del recital, temprano a la mañana, Lucila escuchó la bocina del auto, agarró su mochila y salió. Pero en la vereda, se enteró de que había habido un cambio de planes. Rafasquino le dijo que al final no iban a poder ir con sus amigos como estaba arreglado, que la única posibilidad era que su padre, que estaba al volante, los alcance hasta la terminal para que puedan viajar en micro y recorrer los 80 kilómetros que separan Bragado de Junín. Le dijo que una vez que estuvieran allí, sí se encontrarían con el resto del grupo y continuarían con el plan de dormir en el departamento prestado. También era mentira.

Llegaron cerca del mediodía e hicieron la previa del show paseando por la ciudad y de a poco se fueron acercando a las inmediaciones del estadio. El recital comenzó cerca de las 21 cuando sonaron los primeros acordes de “La máquina de picar carne” y “Pensando en llegar”, dos de los temas que integran el disco Toro y Pampa que el grupo lanzó en 2006. En ningún momento se encontraron con los supuestos amigos que los iban a acompañar. Al finalizar el show, fueron directamente al departamento ubicado en la calle Primera Junta al 800, en el barrio de Villa Talleres.


La cama en la escena del crimen.

Según lo que se desprende del expediente, los jóvenes arribaron al departamento cerca de las 00.30, ya del domingo 18. La autopsia que se le realizó al cuerpo de Lucila indicaría que la hora estimada de muerte fue cerca de las 2 AM. El examen del cuerpo habla de desgarros en zonas íntimas e indicios de violación así como también de golpes y mordeduras en distintas partes del cuerpo. Las fotos que sacó la Policía Bonaerense al cuerpo apenas fue encontrado permiten ver a simple vista el rostro de Lucila ensangrentado y golpeado.

La confesión

Exactamente 10 horas después del momento en que Lucila encontró la muerte, precisamente a las 13 del domingo, un oficial de policía que se encontraba cumpliendo horas extras en la seccional de Bragado vio entrar a una persona corpulenta. Le preguntó qué necesitaba. El hombre, que venía mirando para abajo, levantó la cabeza y dijo: “Soy Fernando Rafasquino. Tuve un problema en Junín. Estaba en un departamento con una amiga y la ahorqué con las manos. Ella está todavía ahí. Yo tengo las llaves. Mi amiga se llama Lucila López y también es de Bragado”. Así quedó asentado en el acta policial que está adjuntado al expediente.

La confesión hizo que mediante una rápida comunicación telefónica, dos patrulleros de la comisaría de Junín se acercaran al lugar. Ayudados por un cerrajero abrieron la puerta y en el interior se encontraron con botellas de cerveza y Fernet, el plato con fideos a medio comer y un evidente desorden. Cuando entraron a la única habitación de la casa se toparon con el cuerpo de Lucila tendido sobre la cama, boca arriba, tapado con una sábana y solo con ropa interior puesta. En el piso había un esmalte de uñas, la entrada del recital y un buzo polar de la víctima.

“Las palabras de Rafasquino cuando se entrega en la comisaría son la prueba más cabal de lo que sucedió porque estamos hablando de una confesión que no pasó por el filtro de un abogado, la expresión de la más absoluta sinceridad. Un joven que había asesinado a su amiga y lo cuenta sin eufemismos ni desviaciones. Claro y contundente”, dice una fuente que durante muchos meses estuvo ligada a la querella del caso.

Rafasquino quedó inmediatamente detenido y designó a un abogado de la zona llamado Luciano Duhalde, para que lo defendiera. 48 horas después de haberse entregado declaró en indagatoria ante el fiscal Rodríguez. Su versión de los hechos ya había cambiado. Ya no dijo haber matado con sus propias manos sino que habló de un “accidente”.

Rafasquino declaró oficialmente en la causa el lunes 19 de abril: “Los dos estábamos muy contentos por el recital. Volvimos al departamento, tomamos una cerveza y Lucila preparó unos fideos. Después de cenar tomamos un fernet y nos pusimos a charlar. A eso de las 3 de la mañana nos acostamos y tuvimos sexo. Estábamos muy sacados porque habíamos fumado porro. Durante el acto sexual ella me pidió que la agarre del cuello. Así lo hice, fue una relación violenta. La agarré del cuello y le movía la cabeza. Cuando terminamos me di cuenta de que no respiraba. Intenté hacerle respiración boca a boca pero estaba muerta. Me quedé en el lugar y mucho más tarde, ya cuando era de día, me bañé y le pedí a mi papá que me vaya a buscar pero me dijo que no podía”.

El acusado siguió su relato hasta el momento en que llegó a la comisaria para entregarse: “Antes de irme guardé todas mis cosas en una mochila. Como Lucila estaba desnuda la vestí pero después la volví a desvestir. No sé por qué hice eso. Me fui a una parada de taxis. Me subí a uno que me llevó hasta la localidad de Morse porque no me daba la plata para llegar a Bragado. De ahí hice dedo. De Lucila solo me llevé su teléfono celular. Mi papá me levantó en la localidad de O´Brien. No le dije nada hasta el mediodía. Cuando estábamos almorzando les conté y me llevaron a la comisaría”.

En otro apartado de la declaración, y ante las preguntas del fiscal, Rafasquino dio su versión de la relación que lo unía con la víctima: “Con ella no éramos novios pero sí muy amigos. Yo la quería mucho pero siempre en nivel de amistad. A veces ella me rechazaba pero no me daba bronca porque lo tomaba como parte de la relación. Yo no estaba obsesionado con ella ni mucho menos, nos veíamos casi todos los días. A veces era ella la que me buscaba para tener relaciones. Lo hacíamos con frecuencia. Usualmente en mi casa cuando no había nadie. Nunca tuve expectativas de noviazgo”.

Según las amigas de Lucila, que en su gran mayoría declararon en la causa, todo lo que dijo es falso: “Ella no quería tener nada con él. Lo quería como amigo. Nunca habían tenido sexo. Mintió en todo lo que dijo. Nosotras pudimos hablar incluso con los amigos que supuestamente iban a viajar y nunca estuvieron al tanto de ninguna logística así. Le mintió a Lucila para quedarse a solas con ella. Creemos que él se confió en que ella le iba a decir que sí y cuando se negó se enloqueció”.

Una fuente judicial que participó en la investigación desde el primer día y que tiene una línea de pensamiento parecida a la de la familia relata su teoría en base a las pruebas de la causa: “Cuando llegaron a la casa no había nadie más. Estaban ellos dos solos. Nuestra teoría es que Rafasquino ideó todo desde el principio con el objetivo de quedarse a solas con Lucila y tener sexo con ella. Del testimonio de todas sus amigas surge que ella no quería tener nada con el más allá de una amistad, por lo que probablemente, según las pruebas, se negó a tener relaciones, lo que provocó una pelea que derivó en los golpes, la violación y el estrangulamiento”.

Abreviado y polémica

“El problema de esta causa nace en la investigación. Siempre tuvo la carátula de homicidio simple. El fiscal Rodríguez nunca tuvo en cuenta otros agravantes ni nada por el estilo. El miedo que tenía el doctor era que si iban a un juicio oral, le creyeran al imputado el tema del juego sexual y termine siendo condenado a una pena menor, quizás, por homicidio culposo. Entonces prefirió ofrecer el juicio abreviado. Esto en sí encierra una doble contradicción porque si realmente fue un accidente, se condenó a un hombre a una pena mayor a la que le correspondía y si no fue así entonces se cometió una injusticia con la víctima porque su agresor recibió una pena menor”, razona otra fuente con años en la Justicia bonaerense que recuerda el caso, que precede por dos años a la reglamentación del femicidio en el Código Penal.

 

 

 


Lo cierto es que la Justicia y el imputado llegaron a un acuerdo y exactamente un año después de la muerte de Lucila se firmó el juicio exprés. Rafasquino confesó oficialmente el asesinato y recibió una pena de 9 años.

“A nosotros nos engañaron. Nunca quisimos un juicio de esas características. Nunca entendimos por qué le dieron tan pocos años. Es una locura. Luchamos pero fue en vano. Cambiamos de abogado por esa cuestión y nuestro nuevo letrado apeló la decisión pero no sirvió”, cuenta la mamá de Lucila.

Efectivamente el doctor Francisco Acuña elevó un recurso que llegó a la Cámara de Casación y que fue rechazado. “El hecho de que Casación haya confirmado el juicio abreviado no quiere decir absolutamente nada porque fue un fallo técnico. Solo dieron el visto bueno al marco legal. Ellos no valoraron las pruebas ni analizaron los posibles agravantes. Fue puramente jurídico”, dice a este medio el abogado Acuña.

 

 

 

La apelación de la familia de Lucila recayó en la Sala 1 de la Cámara de Casación bonaerense. Los jueces que decidieron convalidar el juicio abreviado sin valorar las pruebas en el expediente fueron Benjamín Sal Llargués y Horacio Piombo (foto de la derecha), los mismos magistrados que cuatro años más tarde le reducirían la pena a un violador de menores porque su víctima de 6 años, según el fallo, tenía tendencias homosexuales. Después del escándalo mediático y judicial que provocó esa resolución debieron renunciar a sus puestos.

Luego de haber pasado cinco años en prisión, a mediados del 2015, Rafasquino consiguió primero la libertad asistida y luego la condicional. La condena se cumplió en abril de este año, ya que el asesino estaba preso desde el mismo momento del homicidio en 2010. Desde el año 2018 volvió a vivir en Bragado, muy cerca de la familia de Lucila. Incluso rearmó su vida en la ciudad y hasta tuvo una hija.

“Nosotros supimos que había vuelto desde el año pasado. Hicimos marchas y juntamos más de 4 mil firmas para que lo declaren persona no grata. Yo sé que cumplió su pena pero también sé que algo raro hubo ahí y por eso le dieron solo 9 años. Lamentablemente no tuvimos mucha suerte y nadie nos dio una mano para conseguir el objetivo”, dice Marisa, decepcionada. A pesar de esto la familia de Lucila sigue luchando y lanzaron una convocatoria para juntar firmas a través de la plataforma digital change.org

El domingo pasado, más allá de las firmas, la familia de la víctima pasó a las acciones.

La iglesia San Martín de Porres de Bragado fue escenario de un tenso momento que sumó un capítulo más a la historia. Camila, una de las mejores amigas de Lucila, bautizó a su pequeña hija acompañada, por supuesto, de su familia. Pero no era la única celebración que se daba en ese lugar y a esa hora. En el turno previo, una bebé de apenas un año esperaba su momento para recibir el bautismo de parte del cura. Estaba en brazos de su padre, Fernando Daniel Rafasquino. Cuando Camila notó la presencia del asesino de su amiga, se paralizó. No supo qué hacer. Le ganó la angustia y tuvo que salir afuera de la iglesia envuelta en llanto. La celebración se arruinó.

Valentina, una de las hermanas de Camila, no soportó la situación. Sacó su celular, encendió la cámara y fue directamente a increparlo. “Acá estamos en la iglesia con un asesino hijo de re mil puta que mató a una chica y la violó y acá lo tenemos que encontrar en una Iglesia”. En el video se ve a Rafasquino aturdido sin decir absolutamente nada. Testigos del momento cuentan que luego de eso, se retiró del lugar.

“Grabé el video porque fue lo primero que se me ocurrió de la impotencia que tenía de ver a mi hermana angustiada y llorando por ese tipo. Tenía pensado decirle un montón de cosas pero me salió solo eso. Cuando él se va viene la madre de él a decirme que era una desubicada. En ese momento nos pusimos a discutir y se metió también mi mamá. Fue una situación muy desagradable”, asegura Valentina.

Tanto abogados como legisladores le adelantaron a Marisa y al resto de la familia de Lucila que es muy difícil expulsar a Rafasquino de la ciudad. Le tratan de explicar a una madre que, luego de casi 10 años, sigue destruida por dentro que las cosas son así, que la justicia ya habló. Le piden que comprenda que las cosas se dieron así. Lo que no le pueden pedir es que deje de pelear para que el asesino de su hija no pueda pasearse por los mismos lugares donde solía pasar la joven Lucila con toda la vida por delante. El reclamo de la madre de la víctima es claro: “Nos destruyeron como familia. Todo se rompió. Ya nada va a volver a ser igual, solo pido un poco de paz”.

 

 

 

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