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Paraguas de colores para el paseo Sáenz Peña, mientras los comedores barriales de Junín reducen las comidas por falta de alimentos

El municipio destaca las obras de embellecimiento comercial y celebra nuevas propuestas para atraer visitantes, pero en distintos barrios de Junín crece la demanda de asistencia alimentaria. Referentes de comedores y merenderos advierten que no consiguen mercadería suficiente y que, en algunos casos, debieron reducir las comidas semanales.

Por Redacción

Jueves, 29 de octubre de 2026 a las 11:15

El municipio de Junín celebra los avances en el embellecimiento del paseo Sáenz Peña, donde ya se instalaron paraguas de colores que forman una especie de techo a cielo abierto, una intervención que remite a la estética de otros paseos comerciales, como los de San Telmo. La iniciativa forma parte de un plan de reconversión destinado a renovar la imagen del sector, atraer visitantes y reactivar la actividad comercial.

Sin embargo, mientras el Gobierno local pone el foco en la transformación estética de los espacios comerciales, en distintos barrios de la ciudad hay otra realidad que demanda atención: comedores y merenderos que deben hacer esfuerzos cada vez mayores para garantizar un plato de comida a los chicos y sus familias.

El contraste pone sobre la mesa una discusión sobre las prioridades en el uso de los recursos públicos. Por un lado, se destacan las inversiones para embellecer paseos y potenciar circuitos comerciales; por otro, organizaciones barriales advierten que la falta de alimentos las obliga a reducir las prestaciones, aun cuando cada vez más personas recurren a ellas en busca de asistencia.

Menos comidas por falta de alimentos

La situación de los comedores y merenderos fue reflejada por Democracia, que recogió los testimonios de referentes de distintos espacios de Junín. Las declaraciones describen dificultades crecientes para conseguir donaciones y mercadería, en un contexto en el que aumenta la cantidad de chicos y familias que necesitan ayuda.

En el merendero Rincón de Luz, ubicado en Lebensohn y Rojas, Lucrecia Díaz explicó que actualmente preparan una cena semanal para 40 chicos, los viernes, cuando anteriormente ofrecían dos cenas por semana. La reducción responde a las dificultades para reunir los alimentos necesarios. El espacio también brinda meriendas varios días de la semana y cuenta con un roperito para acompañar a las familias.

La referente advirtió, además, que se siguen sumando niños y que las familias necesitan mercadería para llevar a sus hogares. Es decir, la demanda no se limita a quienes concurren a comer, sino que también se extiende a las necesidades alimentarias que deben cubrir durante el resto de la semana.

Una situación similar atraviesa el comedor El Tata, en el barrio La Unión, donde asisten 40 chicos. Su responsable, Verónica García, señaló que actualmente cocinan una sola vez por semana, además de ofrecer meriendas y preparar viandas en determinadas jornadas.

“Estamos muy complicados porque no conseguimos nada. Y la gente viene a pedir cada vez más. Es muy caótico, hay mucha necesidad y nos cuesta conseguir alimentos”, describió García, según publicó Democracia.

En el barrio Los Totoreros, el merendero Los Solcitos también enfrenta un incremento de la demanda. Su responsable, Norma Chirulo, contó que cada vez concurren más chicos y que también se acercan sus madres para compartir la comida.

“Cada vez se me agregan más chicos y vienen mamás a comer con los chicos. Se hace muy difícil todo”, expresó, al reclamar verduras y alimentos no perecederos para sostener la asistencia.

Los testimonios muestran que, detrás de las cifras y de las iniciativas destinadas a mejorar la imagen de la ciudad, hay organizaciones que intentan sostener sus prestaciones con recursos insuficientes y que deben adaptar la cantidad de comidas a los alimentos que consiguen.

Las prioridades detrás del embellecimiento

La intervención en el paseo Sáenz Peña se enmarca en un convenio firmado entre el Gobierno de Junín, la Sociedad Comercio e Industria y el Consorcio de Comerciantes del paseo. El plan contempla mejoras en infraestructura vial, veredas, señalización, accesibilidad y la incorporación de elementos decorativos.

El objetivo de revitalizar el comercio local puede formar parte de una política urbana, pero la discusión aparece cuando se lo contrasta con las necesidades sociales que atraviesan otros sectores de la ciudad. En particular, cuando los responsables de espacios comunitarios aseguran que deben reducir las comidas porque no consiguen suficiente mercadería.

Por el momento, la información difundida sobre las obras del paseo no permite establecer cuánto dinero público se destinó específicamente a la instalación de los paraguas y al conjunto de las intervenciones. Por eso, cualquier comparación precisa de montos requiere conocer los costos y las fuentes de financiamiento de esos trabajos. La discusión sobre las prioridades, sin embargo, no depende solamente de una cifra: también involucra las decisiones de gestión y la atención que reciben las distintas necesidades de la población.

El contraste también alcanza al discurso oficial sobre la actividad comercial y la apertura de nuevos espacios, entre ellos las propuestas vinculadas al shopping y a otros circuitos de consumo. Mientras se busca atraer visitantes y generar movimiento económico, una parte de la población enfrenta dificultades para cubrir una necesidad básica como la alimentación.

No se trata de plantear que una ciudad deba abandonar sus espacios comerciales o dejar de realizar mejoras urbanas. La cuestión es cómo se distribuyen los esfuerzos y los recursos municipales en una realidad social en la que hay chicos que dependen de la asistencia de organizaciones barriales para comer.

Una ciudad con realidades muy diferentes

El paseo Sáenz Peña fue inaugurado en diciembre de 1983, en los días previos al regreso de la democracia, y con el tiempo se convirtió en uno de los espacios emblemáticos del área comercial juninense. Su recuperación puede contribuir a mejorar el entorno y favorecer a los comerciantes, pero ese objetivo convive hoy con necesidades que exceden ampliamente la cuestión estética.

Los relatos recogidos por Democracia exponen una situación concreta: en algunos comedores se redujo la cantidad de comidas semanales, mientras que en otros crece la cantidad de chicos y madres que buscan asistencia. A eso se suma la dificultad para conseguir alimentos y sostener las prestaciones.

El desafío para el municipio es atender ambas dimensiones de la vida urbana: el desarrollo comercial y las necesidades sociales de los barrios. Porque una ciudad no se mide únicamente por la imagen de sus paseos, sus espacios renovados o la cantidad de visitantes que logra atraer, sino también por su capacidad para dar respuestas a quienes atraviesan mayores dificultades.

Los paraguas de colores pueden renovar la postal de Sáenz Peña. Pero, mientras haya comedores que deban reducir las comidas por falta de alimentos, la discusión sobre las prioridades de la gestión municipal seguirá abierta.

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