Junín aparece dentro de las zonas de riesgo alto frente al escenario climático que se proyecta para los próximos meses, en un contexto marcado por el fortalecimiento del fenómeno de El Niño y la posibilidad de que durante la primavera y el verano se registren períodos de lluvias superiores a los valores habituales.
El mapa de riesgo que acompaña los análisis sobre el fenómeno ubica dentro del nivel alto a sectores de Santa Fe, Buenos Aires y la región de la cuenca del Plata, mientras que en el territorio bonaerense la atención alcanza especialmente a las zonas vinculadas con la cuenca del río Salado.
En ese esquema se encuentra Junín, una ciudad particularmente sensible al comportamiento del sistema hídrico regional por su ubicación en el noroeste bonaerense y su relación con un conjunto de lagunas y cursos de agua que integran la cuenca.
El escenario vuelve a adquirir relevancia después de las recientes intervenciones sobre el sistema de Mar Chiquita, incluida la apertura de la cuarta compuerta para favorecer el escurrimiento del agua.
El dato que encendió las alarmas
El último informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirma que El Niño continúa fortaleciéndose.
De acuerdo con el Centro de Predicción Climática de ese organismo, existe un 69% de probabilidad de que entre octubre y diciembre de 2026 se produzca un episodio cuya intensidad supere a la de todos los eventos de El Niño registrados desde 1950. NOAA también proyecta una probabilidad superior al 90% de que el fenómeno alcance una categoría "muy fuerte".
El organismo advierte, de todos modos, que un evento de esta magnitud aumenta las probabilidades de impactos asociados con El Niño, pero no garantiza que éstos ocurran en un lugar determinado.
Por eso, el dato no permite afirmar que Junín vaya a inundarse. Lo que sí marca es un escenario de riesgo elevado que obliga a seguir con atención la evolución de las precipitaciones y de los niveles de agua.
Junín y la cuenca del Salado
La situación adquiere una dimensión particular para Junín porque la ciudad se encuentra vinculada al sistema de la cuenca del Salado, una de las principales cuencas hidrográficas de la provincia de Buenos Aires.
Se trata de una enorme región que comprende numerosas localidades urbanas y rurales del centro, oeste y este bonaerense. En el noroeste provincial, el comportamiento de las precipitaciones tiene incidencia sobre las lagunas, canales y bajos naturales que forman parte del sistema de escurrimiento.
El riesgo aumenta cuando las lluvias intensas se producen de manera sucesiva. En ese caso, los suelos pierden capacidad de absorción y el agua comienza a acumularse en sectores bajos, caminos rurales, campos y zonas urbanas.
En Junín, además, la evolución del sistema de lagunas resulta un factor central.
Especialistas que analizaron el escenario regional ya habían advertido que el territorio llega a este posible episodio de El Niño en condiciones diferentes a las de años anteriores, con niveles de agua elevados y menor capacidad de los suelos para absorber nuevas precipitaciones.
Mar Chiquita, otra vez bajo la lupa
En este contexto cobra especial importancia lo sucedido recientemente en la laguna Mar Chiquita, donde se avanzó con la apertura de la cuarta compuerta para facilitar la salida del agua.
La situación puso nuevamente en evidencia la importancia que tienen las obras hidráulicas y el manejo de las compuertas para regular los niveles de las lagunas y favorecer el escurrimiento.
Si durante la primavera comienzan a registrarse lluvias importantes, el comportamiento de Mar Chiquita y del resto del sistema de lagunas deberá ser seguido de cerca.
No solamente importará cuánto llueva en Junín. También será determinante cuánta agua llegue desde otras zonas de la cuenca, cuál sea el nivel previo de las lagunas y qué capacidad tenga el sistema para evacuar los excedentes.
Un riesgo que alcanza a buena parte de la región
El mapa regional establece distintos niveles de riesgo.
En el nivel muy alto aparecen principalmente Misiones y Corrientes, donde la combinación de lluvias recurrentes y posibles crecidas de los ríos Paraná, Uruguay e Iguazú incrementa el peligro de inundaciones.
En nivel alto se encuentran Entre Ríos, el este de Santa Fe y el Delta, con riesgos asociados a crecidas fluviales, saturación de los suelos y anegamientos.
También aparece en riesgo alto el este bonaerense y el AMBA, donde la principal preocupación está vinculada con las inundaciones urbanas, los desbordes de arroyos y las sudestadas.
Y dentro del territorio bonaerense, la cuenca del Salado y las localidades que dependen de ese sistema hídrico —entre ellas Junín— forman parte de la región que deberá ser monitoreada ante la posibilidad de excesos hídricos.
No es una inundación anunciada, pero sí un escenario para prepararse
El antecedente histórico muestra que Junín no es ajeno a los episodios de excesos hídricos. Las inundaciones de 1993 y 2017 dejaron importantes consecuencias en la ciudad y el partido, mientras que los registros históricos muestran que existieron episodios todavía más severos.
En 2017, por ejemplo, durante abril se registraron 365 milímetros de lluvia en todo el partido de Junín, mientras que el aumento del nivel de Mar Chiquita estuvo relacionado con aportes provenientes de otros sectores del sistema hídrico regional.
Por eso, el nuevo escenario climático genera preocupación pero también plantea la necesidad de anticipación.
El desafío para Junín será atravesar la primavera y el verano con un sistema hídrico que podría recibir mayores volúmenes de agua y con una capacidad de absorción de los suelos que, según especialistas de la región, ya se encuentra comprometida.
El Niño no significa necesariamente una inundación. Pero para Junín, que aparece dentro de una región considerada de riesgo alto, el pronóstico sí representa una señal de alerta para seguir de cerca las lluvias, los niveles de las lagunas, el funcionamiento de las compuertas y la capacidad de escurrimiento de la cuenca del Salado.
La evolución de los próximos meses será determinante. Y, en una ciudad donde el agua forma parte de su historia reciente, el comportamiento de Mar Chiquita y del resto del sistema hídrico regional volverá a ser una de las variables que habrá que mirar con mayor atención.