La Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) aplicará en junio un incremento del 2,58% en los haberes previsionales. Traducido a la realidad del bolsillo, este porcentaje significa una suba de apenas alrededor de $10.000 pesos para quienes perciben la jubilación mínima, una cifra que expone la pérdida de poder adquisitivo del sector pasivo ante el costo de vida actual.
Con este exiguo incremento, el haber básico apenas se moverá de los $393.168,50 actuales para pasar a $403.320,39 aproximadamente
El impacto real: la licuación por el bono congelado
Aunque el porcentaje oficial de movilidad es del 2,58%, la realidad que perciben los jubilados en su economía diaria es significativamente menor. Debido a que el aumento se aplica exclusivamente sobre el haber básico y excluye al bono de $70.000 —que permanece congelado sin cambios—, la actualización real sobre el bolsillo de un jubilado de la mínima es de tan solo el 2,19%. Esta brecha técnica profundiza la pérdida del poder de compra, ya que el refuerzo estatal representa una porción importante del ingreso total y no recibe ningún tipo de compensación frente a la inflación.
Un aumento licuado frente a los gastos diarios
La cifra en pesos del aumento genera preocupación entre los beneficiarios, ya que una actualización de tan solo $10.000 pesos resulta insuficiente para cubrir los gastos fijos mensuales:
- El haber mínimo base: Sube estrictamente $10.151,89 (alrededor de $10.000).
- Bono congelado: El refuerzo previsional se mantiene inmóvil en $70.000, lo que licúa aún más el impacto real de la suba.
- Ingreso de bolsillo habitual: Sin contar el aguinaldo, el total mensual pasa de $463.168,50 a $473.320,39.
Si bien el mes de junio traerá un alivio temporal por el cobro del medio aguinaldo (SAC) de $201.660,19 —lo que elevará el total percibido de forma excepcional a $674.980,58—, la suba estructural de la jubilación demuestra quedar muy por detrás de la inflación acumulada.