La industria argentina recibió un nuevo golpe con el cierre definitivo de la planta de caucho sintético que Pampa Energía tenía en Puerto General San Martín, Santa Fe. Se trata de la única instalación del país dedicada a la producción de este insumo, por lo que su salida no solo implica la pérdida de puestos de trabajo sino también el final de una actividad industrial que dejará de realizarse en la Argentina.
La decisión se concretó luego de varias semanas de negociaciones y de distintas prórrogas de la conciliación voluntaria. Finalmente, el Sindicato de Obreros y Empleados Petroquímicos Unidos (Soepu) confirmó el cese definitivo de la actividad, después de que no se alcanzara una alternativa que permitiera evitar el cierre.
La planta funcionaba dentro del Complejo Petroquímico de Puerto General San Martín y su cierre alcanza específicamente a la línea de producción de caucho sintético. Desde la empresa señalaron que el resto de las operaciones del complejo continuará funcionando con normalidad.
El impacto sobre el empleo industrial es uno de los aspectos más concretos de la medida. Alrededor de 130 trabajadores estaban vinculados directamente con la línea de caucho sintético. Con el cierre, una parte de ellos dejará la empresa, mientras que otros serán reubicados dentro del grupo empresario y un grupo reducido continuará vinculado a la planta para realizar tareas de mantenimiento.
El cierre se produce en un escenario de fuerte deterioro para distintas ramas de la industria nacional. En este caso, además, existe una relación directa con lo ocurrido en el sector de neumáticos. Fate, uno de los principales compradores locales del caucho sintético producido en Puerto General San Martín, dejó de operar en febrero de este año y despidió a 920 trabajadores.
La desaparición de Fate significó la pérdida de uno de los principales mercados para la producción de caucho sintético en el país. Con una menor demanda interna y cambios en las condiciones del mercado, Pampa Energía sostuvo que la continuidad del negocio dejó de ser viable.
Así, el cierre de una fábrica terminó impactando sobre otra actividad industrial vinculada a ella. Primero desapareció uno de los principales fabricantes nacionales de neumáticos y, meses después, dejó de producir la planta que abastecía a esa cadena.
El resultado es una nueva pérdida de capacidad productiva para la Argentina. El país deja de fabricar caucho sintético y deberá recurrir al abastecimiento externo para cubrir la demanda de este insumo, utilizado principalmente por la industria de neumáticos, pero también por otras actividades manufactureras.
El dato adquiere mayor relevancia por tratarse de una producción que durante años formó parte de la estructura industrial argentina. No se trata solamente del cierre de una empresa o de una reducción de personal: desaparece una actividad específica que ya no tendrá continuidad en otra planta del país.
Para los trabajadores, el cierre implica además la pérdida de una fuente de empleo industrial en una región con una fuerte presencia de actividad petroquímica. La posibilidad de reubicación dentro del grupo empresario alcanza a una parte de la plantilla, pero no evita que otros trabajadores queden fuera de la empresa.
La situación vuelve a poner en discusión el impacto que la caída de la actividad y de la demanda interna tiene sobre las cadenas industriales. Cuando una empresa deja de producir, el efecto puede extenderse hacia proveedores, clientes y otras compañías que dependen de ese mercado.
En el caso del caucho sintético, la consecuencia es particularmente significativa: la Argentina pierde el único establecimiento que fabricaba este insumo a nivel nacional y pasa de producirlo localmente a depender de proveedores externos.
El cierre de la planta de Puerto General San Martín se suma de esta manera a una serie de decisiones empresariales que vienen reduciendo la presencia de determinadas actividades manufactureras en el país. La pérdida de empleos se combina con otro efecto de largo plazo: la desaparición de capacidades productivas que luego resulta difícil recuperar.
Mientras Pampa Energía mantiene y desarrolla inversiones en otros segmentos de su actividad, la producción de caucho sintético queda definitivamente fuera de su esquema industrial. Para los trabajadores afectados y para la industria nacional, el resultado es concreto: una planta menos, alrededor de 130 empleos directamente afectados y una producción que deja de realizarse en la Argentina.