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| 25/06/2020

César Menotti y el diario del Mundial 78

Este 25 de junio se cumplen 42 años del primer Mundial de fútbol ganando por Argentina. El entrenador dejó plasmado el día a día en “Cómo ganamos la copa del mundo”

“Cuando me asomé y miré a las tribunas, tenía ganas de llorar. Porque frente a ellos sucede algo muy especial. En el río de banderas y papeles lanzados, anunciando una victoria siempre posible, yo siento que me reencuentro con mi propia vida. Que todo lo que me rodea es una parte fundamental de mí mismo, sin la cual nada tendría sentido. Ese es el milagro cotidiano del fútbol”.  El epígrafe, corresponde a una imagen panorámica de un Monumental repleto que espera por la final del Mundial 1978 entre Argentina y Holanda y fue realizado por César Luis Menotti para la publicación “Cómo ganamos la copa del mundo”, editada por El Gráfico y que cuenta en primera persona el día a día desde cómo se ideo ese proyecto que comenzó en 1974 y que significó un cambio radical para el fútbol argentino en cuanto a organización, hasta el día después del logro.

Una reliquia desde donde se lo mire porque los textos están escritos en primera persona por el propio entrenador que va contando cómo superaron los diferentes obstáculos, anécdotas, análisis y los momentos previos a aquella final del 25 de junio de 1978 que terminó con victoria por 3-1.

De esas 192 imperdibles, con fotos de una calidad como solo El Gráfico podía conseguir, nos quedamos con la descripción de parte de la charla en horas previas con los jugadores:

“Los primeros quince minutos los dediqué a hacer un repaso de los tres años y medio de trabajo. Les dije que ellos habían marcado una época y que estaba muy conforme por el espíritu de colaboración y las ganas que habían puesto. Les recordé las distintas etapas y dificultades que fuimos superando al margen de los resultados y desataqué las infinitas posibilidades que puede alcanzar un grupo cuando los jugadores entienden el respeto por el compañero como había ocurrido con la Selección. A pesar de que eran distintos los gustos, la manera de vivir, el origen de cada uno, habíamos iniciado un camino regido por una línea de conducta que se mantuvo hasta el final. Porque si bien tuvimos dificultades -porque tampoco vamos a pensar que esto fue una escuela de monjas- nunca habíamos utilizado –en lo que respecta al cuerpo técnico- armas desleales para motivar a nadie y que la respuesta de los suplentes hacia los titulares fue siempre muy sincera. Entonces mencioné la actitud de Killer, la de Pagnanini. Y por último les dije…

‘…Yo estoy seguro que lo más importante de estos tres años no queda guardado bien adentro. Es la amistad que nos une. Y además la evolución que hemos tenido como personas. Somos mejores tipos, yo aprendí mucho de ustedes. Sigan diferenciando lo que es honesto de lo demás, siempre se verán recompensados…’

A la hora de entrar en la parte estrictamente técnica me pereció oportuno repetir algo que ya les había dicho otras veces…

‘…No hay ninguna posibilidad de parar un equipo en la cancha sin un alto sentido colectivo y sin respeto por el amigo con el que estamos jugando. Porque ahí, adentro de la cancha, uno tiene diez amigos a los que debe ayudar y salvar. Afuera puede ser apenas un compañero de trabajo, pero jugando es nuestro mejor amigo. Y los amigos –amigos están cuando a uno le hace falta; eso y las convicciones futbolísticas son las cosas que deben sostener pase lo que pase…’

Después les pedí que insistieran en el fundamento de nuestro equipo. Una gambeta y un toque, desborde y centro atrás, movilidad constante para dar varias opciones de salida. Les dije que en este caso era muy importante esto porque la gran virtud de los holandeses es que ellos se recuperan enseguida cuando son superados. Especialmente hasta pasar tres cuartos de cancha, porque la línea de fondo se complica mucho si le ganan la espalda a los volantes. Los jugadores me escuchaban con mucha atención, como siempre, pero yo notaba que no estaban muy convencidos. Lo discutimos y Ardiles me dijo…

-Yo estoy de acuerdo con usted en que debemos atacarlos, pero pienso que no hay que perder el equilibrio porque son muy peligrosos de contraataque. Pienso que debemos cuidar la pelota, esperar un poco. Eso de tener siempre cuatro hombres en campo de ellos –tres delanteros y un volante- me preocupa bastante…

Entonces, le expliqué otra vez. La idea era no dejarse ganar la espalda de los volantes. No perder la mitad de la cancha. Había un solo hombre del fondo que podía desequilibrarnos en la zona porque sale bien de atrás: era Krol. Y por eso Luque tenía la obligación de encimarlo. No nos preocupaban los dos laterales porque ya los habíamos visto en partidos anteriores. Había jugadas donde tenían veinte metros para avanzar y preferían dársela al arquero. Los dos puntero nuestros, Bertoni y Ortiz, dejaban libres a los laterales y se metían adentro para tomar a Neeskens y a Willy Van der Kerkhof cuando éstos se mostraban para la salida del equipo. Kempes iba a tomar a Rep, que dejaba la punta y se tiraba atrás. Y Ardiles a Resenbrink, que también bajaba a volantear. Y como Haan es un jugador que no mete diagonales y arranca de tres cuartos, lo tomaba Gallego. De esa manera quedábamos con cuatro jugadores en el fondo que podían subir con claridad y que además podían esperar para no quedar desequilibrados en el contraataque. Por ejemplo, cuando Olguín pasaba al ataque bastaba con que viniera Gallego adentro para quedar con superioridad numérica. La cuestión era no perder terreno a espaldas de cada una de nuestras líneas. En la parte ofensiva ya les había dicho que la única manera de desarmarlos era con dos cortas y una larga, a cuarenta metros, aun a riesgo de perder la pelota. Eso los desmoraliza.

También corregimos algunos detalles, como el de la ley del offside que la estábamos manejando con timidez. Les dije que se decidieran y resolvieran la jugada sin dudas. Eso era muy importante, sobre todo en los pelotazos profundos, ellos no son muy talentosos y si no la reciben justa se complican”.

Y ya en el vestuario, los últimos momentos del grupo antes de salir al partido de sus vidas:

“…Antes de salir a la cancha les volví a decir lo de siempre, les recordé que si no jugábamos no ganábamos. Jugando también podíamos perder, pero por lo menos no íbamos a defraudar a la gente que esperaba vernos concluir el campeonato respetando la filosofía proclamada desde el primer día. Algunos gritaron. Luque se emocionó, les dijo a los demás…

’Muchachos, ahora cuando salgamos a la cancha miremos a las tribunas. Ahí está la gente que siempre creyó en nosotros. No podemos defraudarla, vamos a dejar la vida en este partido…’”.

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