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| 22/08/2020

Derribando mitos: La producción lechera no caerá

Durante los últimos días circuló un artículo en el portal “El Economista” y otros medios, cuyo título sostiene que la producción de leche será la más baja de los últimos diez años. La nota comienza enunciando la proyección de producción para este año, estimada en un 4,52% menor a la de 2019, a la vez que la sitúa como la más baja en los últimos 10 años, siendo un 33% menor (esta estimación) comparada con la producción de 2010 “como consecuencia de la crisis que arrastra el sector, de acuerdo con un estudio privado basado en datos oficiales.”

Para mostrar esto, la nota presentó el siguiente gráfico:


 


La línea azul indica la evolución del PBI per cápita, mientras que la roja el consumo de leches totales. Al preguntarnos cómo está construida la estadística del PBI per cápita en este informe, resulta importante observar que la selección temporal de los autores. Cómo se elige que el inicio de la serie sea 2010, se pierden datos de la tendencia hasta entonces, lo que lleva a un análisis incorrecto.

El siguiente cuadro está tomado de los datos del Banco Mundial para el período 2001-2019. Allí, luego de la crisis del 2001, se observa una fuerte tendencia alcista que en 2007 llega a niveles similares previo a la salida de la convertibilidad. Esta tendencia se desacelera en 2012, a lo que le sigue una caída en 2014 (atribuible en parte a la devaluación) y una recuperación y superación el año siguiente.

 

 

 


Al observar estos datos uno no puede dejar de preguntarse qué hubiera sucedido a partir de 2016 si el resultado electoral del año anterior hubiese sido distinto. Cuando comparamos el desempeño de la región con Argentina vemos que presenta valores similares entre 2003-2007, producto de lo que se ha llamado “viento de cola” motorizado por el alza de las commodities. El punto de divergencia se da en 2008, a raíz de la crisis internacional causada por la timba de las sub-prime. Argentina logra un desempeño superior al de la región gracias a la batería de políticas anticíclicas impulsadas por el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Si tuviéramos en cuenta solo el dato del PBI per cápita, pareciera que hasta 2017 Argentina continuaba en el sendero del crecimiento. Sin embargo, el gobierno de Macri deja un saldo negativo también en este indicador, reduciendo la brecha conseguida en relación al promedio de la región.

 

 

 

 


Recuperemos ahora el gráfico de Claves:

 

 

 

 


El consumo de leches totales también está medido a partir de 2010, lo cual no permite observar la tendencia histórica. Al comparar este informe con los datos de la Dirección Nacional Láctea, observamos una clara incoherencia entre ambos. Mientras que tanto los datos del Banco Mundial como los de la  consultora Claves, indican un aumento del PBI per cápita en 2015 con respecto a 2014, no sucede lo mismo para el consumo de leche.

 

 

 

 

 


Aquí vemos un aumento en el consumo de leche entre 2014 y 2015, lo cual es consistente con la demanda de leche, que suele variar de acuerdo a los ingresos. Esta es la segunda inconsistencia de un informe que considera PBI per cápita para 2019 superior a los USD$15,000, mientras que el Banco Mundial lo sitúa en USD$10,000.

En función de los datos presentados, el informe realiza una proyección donde la producción láctea vería reducida su producción en 593.000 litros desde 2010 a 2020.

Según los datos de la Dirección Nacional Láctea, el año 2019 cerró en 10.343 millones de litros, lo que representa una caída del 14% de la producción primaria en comparación con el año 2015 y una caída del 2% respecto al año inmediatamente anterior. Es un valor similar al que cerró la producción primaria en el año 2010 (10.308 millones de litros).

 

 

 

 

 


Al observar la variación interanual de la producción, podemos apreciar que en el transcurso del 2020 la producción no sólo no ha disminuido, sino que mes a mes ha mostrado una franca mejoría en relación al año anterior.

 

 

 

 

El corriente año acumula una producción de 4.987 millones de litros en el periodo enero –junio, valor mayor que los acumulados enero-junio 2016-2019 y similares al acumulado periodo 2011-2015.

 

 

 

 

 


Todos estos datos nos llevan a pensar que la producción no solo no va a caer en los niveles propuestos por la consultora Claves, sino que incluso es posible se superen los niveles del año anterior, que ya estaban por encima a los niveles de 2010.

La producción e industrialización de leche tiene una alta importancia en la economía argentina. Su incidencia en el consumo interno -tratándose de un alimento esencial-, el agregado de valor de la producción y las fuentes de trabajo que genera a lo largo del complejo productivo, son elementos que han de ser tenidos en cuenta a la hora de llevar a cabo políticas económicas y sociales que aborden los aspectos productivos, laborales, comerciales y de acceso al consumo de bienes esenciales.

El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, ha lanzado una serie de programas englobados bajo el nombre de “Alimentos Bonaerenses”, que buscan promover el desarrollo productivo agropecuario y de la pesca.

En este sentido, cabe destacar la Tarjeta de Compra para el Productor Agropecuario y Contratista Rural, ProCampo. Su objetivo consiste en ofrecer herramientas de financiamiento a tasa 0% para los sectores de la producción agropecuaria, destinada a la compra de hacienda e insumos para la ganadería, campaña de siembra de fina y sanidad y  nutrición animal para el sector lechero.

La creación del programa Mercados Bonaerenses tiene como objetivo impulsar la producción y el consumo de alimentos locales, buscando promover los sistemas de producción de alimentos de la economía social, solidaria y popular, el cooperativismo y la agricultura familiar. Para esto no solo se apuesta al fortalecimiento de las ferias de productos frescos y la promoción de consumo de alimentos locales, sino que también se ofrece asistencia a productores, pymes y cooperativas, para fortalecer su trabajo y producción.

Lejos estamos de creer que estos elementos son suficientes a la hora de fortalecer un sector que ha sido duramente golpeado en los últimos años por políticas económicas que lo único que lograron es vulnerar los ingresos de la amplia mayoría de la sociedad, que es la que impulsa la mayor parte de la demanda sectorial.

Sin embargo, esto no quiere decir que un diagnóstico, en el mejor de los casos sesgado en la selección de los datos, resulte inocuo, ya que una concepción clara acerca de donde estamos y de dónde venimos resulta esencial a la hora de buscar e implementar posibles soluciones y estrategias, lo cual es especialmente cierto cuando se trata de una problemática compleja, donde los resultados no se ven inmediatamente, ni se dispone de recursos ilimitados.

Un aporte al tema es el Proyecto de Ley E-54 2019 - 2020, de promoción a la agroindustria. Su objetivo central es favorecer la producción agroindustrial de la mayor cantidad de bienes con la máxima eficiencia y la plena ocupación. Para esto, se establece una serie de beneficios (exenciones impositivas, créditos, avales, asesoría técnica, etc.) que varían de acuerdo a los cuatro Regímenes (General, Sectorial, de Fomento y Especial) compuestos en función de las características económicas y sociales de las actividades productivas.

Al gran desequilibrio macroeconómico que dejó el gobierno de Macri se sumó la pandemia del COVID-19, que ha tenido un fuerte impacto en las economías de todo el planeta. Los argentinos venimos haciendo un esfuerzo enorme no solo al cumplir el aislamiento social, sino también al aunar esfuerzos para recuperar el sendero de crecimiento, del cual nos alejó un gobierno que copió de mala gana los manuales e instructivos de la doctrina neoliberal. En un momento de elevada sensibilidad, producto del esfuerzo acometido, es necesario ser prudentes a la hora de comunicar hechos de la realidad social que nos afectan a todos, y más aún en el ejercicio de la prognosis.

El efecto de la pandemia sobre la vida ha sido muy grande, y hoy más que nunca tenemos que estar todos juntos empujando en una misma dirección, la del crecimiento, la del desarrollo, ya que no puede haber justicia social (y mucho menos soberanía política) sin independencia económica. Luego de meses de negociaciones, el Gobierno Nacional ha logrado encauzar el problema financiero con el que asumió el 10 de diciembre, pero la crisis económica perdura tanto aquí como en el resto del mundo. Esta situación es mayor a cualquiera de los actores involucrados, y depende de la articulación del conjunto de los actores sociales encontrarle la mejor solución posible.

 

 

 

 

 

 

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Senador de la Provincia de Buenos Aires por el Frente de Todos.