Hay fechas que quedan marcadas a fuego en la vida de un deportista. Para Pablo Magnín, el calendario señalaba un aniversario difícil: un año atrás, sus ligamentos cruzados lo obligaron a frenar. Sin embargo, el destino —y la Copa Argentina— le tenían preparada una revancha de esas que parecen guionadas.
En una tarde donde a Sarmiento de Junín se le escapaban las ideas, apareció el "9" para demostrar que la jerarquía sigue intacta tras la recuperación. El equipo de Facundo Sava sufría ante un Tristán Suárez ordenado que, de no ser por las intervenciones de Javier Burrai, podría haber dado el golpe de la jornada.
Un gol con sabor a resiliencia
Cuando el partido moría en el empate y los penales asomaban como una sentencia inevitable, ocurrió lo esperado por el goleador. A los 46 minutos del complemento, Lucas Suárez lanzó un envío medido al área. Magnín leyó el movimiento, tiró la diagonal y, con una acrobacia de espaldas al arco, anticipó la salida de Joaquín Bigo.
La pelota tocó la red y el grito no fue uno más. Fue el final de doce meses de kinesiología, entrenamientos diferenciados y paciencia.
"Siento que sirvo para hacer goles"
Tras el pitazo final y con la clasificación a dieciseisavos asegurada, el delantero se mostró conmovido. «Justo hoy hace un año que me lesioné. Se vienen un montón de emociones: mi novia, mi familia, los médicos y los kines con los que estuve casi un año. Me siento feliz adentro de la cancha», confesó Magnín tras el 1-0.
Sarmiento avanzó de fase y, más allá del resultado, celebra el regreso goleador de su referente en una fecha cargada de simbolismo. El fútbol, una vez más, premió la perseverancia.