No sabemos si el Papa Francisco se descostilla de risa durante una confesión o si entra a la Basílica de San Pedro con pasitos de moda, pero lo cierto -porque él lo dijo- es que no le gustan los sacerdotes con “cara de vinagre”.
Durante la misa en la que conmemoró "el día de la institución del sacerdocio", donde dedicó consejos a los curas, el pontífice argentino aclaró que pese a “cualquier fatiga” los sacerdotes no pueden ser "pastores con cara de vinagre, quejosos ni, lo que es peor, pastores aburridos". Por el contrario, como remarcó, tienen que ser fieles "con olor a oveja" y "sonrisa de padre".
"Nada que ver con esos que huelen a perfume caro y te miran de lejos y desde arriba", agregó el Papa, que aclaró a los presentes que para los sacerdotes “las historias de nuestra gente no son un noticiero".