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| 21/05/2020

Tenía que ser Él

Este 21 de mayo se cumplen cuatro años del gol de Renzo Spinaci ante Olimpo, que significó la permanencia de Sarmiento en Primera División por un año más. Reeditamos una nota del momento.

Tenía que ser él. Renzo Spinaci. Nacido futbolísticamente hace 19 años, bajo el ala de Alejandro Corbanini y Diego Carpinella, en los rincones de aquél añorado pero desvencijado anexo de calle Arias. Tenía que ser él. Un hijo de Junín, un hijo verde, un noble caballero que derrocha humildad y sencillez por dónde camina. Tenía que ser él, porque algunas veces los tipos buenos tienen que ganar, porque, a veces, la ética y la estética se dan la mano y se reivindican en ese "pase a la red" cuando el partido se moría y los más optimistas pensábamos en un desempate ante Argentinos.

Tenía que ser él, al que sus compañeros reconocen como incansable luchador a pesar que cuando parecía afianzarse en la Primera del Verde le tocó remarla nuevamente de atrás. Tenía que ser él y no otro. Tenía que ser él, a quien su padre, su madre, su novia y sus hermanas, acompañaron hasta Bahía Blanca, como el sábado, o hasta la cancha de Deportivo Baigorrita, antes. Tenía que ser él, que seguramente en aquél debut en la Primera B Nacional, del 28 de mayo de 2013, levantó la vista al ingresar al campo y mirando hacia la popular de enfrente no divisó a su madre pero supo que allí estaba y se sintió protegido.

Tenía que ser él, el que destrabara esta situación de mierda que tendría que haberse resuelto no sé cuantas fechas antes. Él, que es hincha de Sarmiento, y no otro. Tenía que ser él, el que le dé la permanencia en Primera porque tenía que ser un hincha de Sarmiento, un hijo de la casa, alguien que entienda lo que costó llegar hasta acá, que vivió las buenas y las malas, que vio como las torres de iluminación pasaron de ser un montón de fierros oxidados a ser precisamente eso: torres de iluminación. El que sufrió entrenar en una cancha más parecida al cemento que a un escenario futbolístico y que ahora disfruta de una Ciudad Deportiva. Tenía que ser él, el que le pusiera la frutilla al postre, luego de esa maradoniana jugada de Chaves. Él, que entró caminando al club de la mano del papá Horacio, hace exactamente 19 años. Él, que seguramente mirará al cielo y tendrá el guiño cómplice del abuelo que le advertirá: “Yo le dije a tu papá que ibas a llegar”.

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