La desaceleración de la inflación registrada en los últimos meses no logró mejorar la situación de miles de familias de la provincia de Buenos Aires. Aunque los aumentos de precios mostraron una marcada moderación durante mayo, la pérdida de poder adquisitivo, el crecimiento del endeudamiento y la imposibilidad de cubrir gastos básicos continúan impactando de lleno en la alimentación de los hogares más vulnerables.
Así lo advirtió un relevamiento realizado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI), que detectó un escenario de fuerte inseguridad alimentaria en barrios populares del Conurbano y del interior bonaerense.
Los datos reflejan que la estabilidad de los precios no alcanza para revertir el deterioro acumulado durante los últimos años. Mientras los ingresos continúan rezagados frente al costo de vida, cada vez más familias se ven obligadas a reducir la calidad y cantidad de alimentos que consumen para poder afrontar otras obligaciones económicas.
Entre los principales resultados del informe se destacan:
- El 79% de las familias afirmó que, al menos una vez durante mayo, algún niño o niña del hogar no pudo acceder a una alimentación saludable, adecuada y variada por falta de dinero.
- El 77% reconoció haberse privado de consumir lácteos, carnes, frutas, verduras, cereales o legumbres.
- El 66% aseguró haber eliminado al menos una comida diaria por razones económicas.
- El 86% manifestó atravesar una situación permanente de estrés económico para llegar a fin de mes.
- El 43% indicó que el pago de deudas le impide comprar todos los alimentos necesarios para su familia.
El estudio también puso el foco en el creciente peso del endeudamiento doméstico. Cada vez más hogares recurren a préstamos, tarjetas de crédito, compras fiadas o financiamiento informal para cubrir gastos corrientes. Como consecuencia, una porción cada vez mayor de los ingresos se destina al pago de cuotas y obligaciones financieras, reduciendo los recursos disponibles para la alimentación.