La eliminación del régimen de Zona Fría ya es ley y para Junín el impacto no se limita al aumento que deberán afrontar miles de familias en sus facturas de gas. El otro efecto, menos visible pero con consecuencias sobre la economía local, será la pérdida de poder de compra de los hogares: dinero que hasta ahora podía destinarse a alimentos, indumentaria, servicios, cuotas, salidas u otras compras deberá utilizarse para afrontar un mayor costo energético.
De acuerdo con las estimaciones difundidas tras la aprobación de la reforma, más de 24.500 hogares juninenses dejarán de contar con el beneficio de Zona Fría y la medida alcanzará a más de 65.000 vecinos. Para el mes de mayor consumo de gas durante el invierno, el sobrecosto conjunto estimado para las familias de la ciudad supera los $622 millones.
La cifra permite dimensionar el impacto más allá de la factura. Son más de $622 millones adicionales que, en ese escenario de máximo consumo, deberán ser destinados al pago del servicio en lugar de permanecer disponibles para otros gastos de las familias.
En términos promedio, el cálculo representa unos $25.400 adicionales por hogar alcanzado durante ese mes de mayor consumo. No significa que todas las familias vayan a pagar exactamente ese monto —el impacto dependerá del consumo y de la situación tarifaria de cada usuario—, pero sirve para dimensionar el volumen de recursos que podría absorber el incremento de la factura.
Menos dinero disponible para consumir
El problema adquiere otra dimensión cuando se observa la situación actual del comercio juninense.
La actividad comercial local ya atraviesa un escenario de retracción. Durante el segundo trimestre de 2026, el relevamiento de la Sociedad Comercio e Industria de Junín registró una caída interanual del 16,8% en las ventas, mientras que tres de cada diez comercios consultados señalaron que habían reducido personal.
A esto se suman 687 bajas administrativas de comercios registradas durante 2024 y 2025.
En ese contexto, una nueva presión sobre los ingresos disponibles de las familias puede tener un efecto adicional sobre el consumo. El razonamiento económico es directo: si un hogar debe destinar una porción mayor de sus ingresos a pagar el gas, dispone de menos dinero para realizar otras compras.
No se trata necesariamente de que esos $622 millones desaparezcan de la economía. El punto es dónde se gastan. Una mayor cantidad de recursos destinada a una factura de gas significa, potencialmente, menos dinero disponible para otros bienes y servicios, entre ellos los que ofrecen los comercios y prestadores de la propia ciudad.
Ese desplazamiento del gasto puede ser particularmente relevante para actividades que dependen del consumo discrecional: indumentaria, calzado, gastronomía, entretenimiento, artículos para el hogar, servicios personales y otros rubros que suelen ser postergados cuando una familia debe priorizar gastos esenciales.
El antecedente de las tarifas y el consumo
Los datos nacionales de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa muestran que el fenómeno no es solamente una hipótesis.
En agosto, las ventas minoristas pyme registraron una caída interanual del 0,2% y acumularon un retroceso del 2,4% durante los primeros ocho meses del año. CAME vinculó esa dinámica, entre otros factores, con la reducción del poder adquisitivo provocada por el incremento de las tarifas de los servicios y el endeudamiento familiar.
Un mes antes, la entidad empresaria había advertido que el mayor peso de las tarifas de los servicios invernales sobre el presupuesto de las familias profundizaba la cautela de los consumidores. Según ese relevamiento, la demanda tendía a concentrarse en productos indispensables y se postergaban compras de bienes durables, indumentaria, muebles y otros artículos de mayor valor.
El caso de Junín puede adquirir entonces una particular importancia porque la eliminación de Zona Fría llega sobre una economía comercial que ya presenta señales de debilitamiento.
El impacto no termina en la boleta
La discusión sobre la Zona Fría suele quedar concentrada en cuánto aumentará cada factura. Pero el efecto económico puede extenderse mucho más allá de los hogares directamente alcanzados.
Cada peso adicional que una familia debe destinar a un servicio esencial es un peso que deja de estar disponible para otras decisiones de consumo. Cuando ese fenómeno se multiplica por miles de hogares, el impacto agregado puede comenzar a sentirse en la actividad comercial.
En Junín, la estimación de más de $622 millones durante el mes de mayor consumo permite ponerle una dimensión concreta a ese posible efecto.
No existe, hasta el momento, una estimación pública consolidada que permita afirmar cuánto de ese dinero dejará efectivamente de circular en los comercios juninenses ni cuánto será el impacto anual. Por eso, cualquier cálculo de ese tipo debe tomarse como una aproximación y no como una proyección oficial.
Pero el escenario puede dimensionarse: si, solamente a modo ilustrativo, un sobrecosto de magnitud similar se repitiera durante cuatro meses de mayor consumo, el monto involucrado rondaría los $2.500 millones. El consumo de gas no es uniforme durante todo el año, por lo que esta cifra no puede presentarse como una previsión anual, pero permite comprender el volumen potencial de recursos que podrían ser absorbidos por las facturas durante el período invernal.
La eliminación de Zona Fría, por lo tanto, no solamente modifica el monto que miles de juninenses deberán pagar por el gas. También puede modificar qué hacen esas familias con el resto de sus ingresos.
Y en una ciudad donde las ventas ya vienen cayendo, donde los comerciantes denuncian pérdida de rentabilidad y donde cientos de establecimientos registraron bajas administrativas en los últimos dos años, el nuevo costo energético puede convertirse en un factor adicional de presión sobre el consumo local.