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Llora Lionel, lloramos todos

Messi y la insistencia para correr el límite de la historia siempre un poco más, unida a la enseñanza que deja un nuevo penal errado.

Por Redacción

Miércoles, 08 de julio de 2026 a las 09:05

Messi y la insistencia para correr el límite de la historia siempre un poco más, unida a la enseñanza que deja un nuevo penal errado. El héroe que no es perfecto pero que hace cosas increíbles aún con errores tan visibles como patear mal un penal. Porfiado el tipo, se levanta e insiste ya con el partido 0-1. Le sale mal y va de nuevo. Se lo nota pesado, como si los 120 minutos y el calor de Miami los tuviera encima junto a sus 39 años. Intenta arrancar, con ese arranque que suele ser demoledor, pero no puede. No hay caso, no es su día. Mira, camina, luce más preocupado que de costumbre. Tira una pared por el centro pero el control no es bueno en un sector congestionado; mientras tanto, ve cómo los minutos se consumen. Mirá y ve cómo Egipto se pone dos a cero. Está abrumado. Tal vez por el pensamiento que su equipo y sus compañeros se van del Mundial y él no pudo convertir el penal.

Y de repente, como intuyendo algo que solo él sabe, sale del medio y se va a la derecha. Se estaciona como un extremo. Recibe e intenta el uno contra uno pero no. Choca. ¿Qué hace? La pide de nuevo. Engancha, frota el botín zurdo y se la pone en la cabeza a Cuti. Cabezazo y gol. Ni lo grita pero abre los ojos.

Ahora, lo encara a su marcador en el área, lo pasa por arriba. Desborda y centra para el Toro que no le acierta al arco. Está activo y Argentina va. Lo vuelven a buscar. Tira el centro. Rebote. La pelota le queda en el corazón del área y le pega con toda la precisión que no había tenido. El arquero alcanza a tocarla. No sirve porque el balón da en el travesaño y va a morir adentro del arco. Lo grita con toda la fuerza que parecía no tener. Él y todos. Luego viene ese poema de gol de Enzo Fernández y el final. La cámara se va con el diez. Se hinca y llora. Llora como pocas veces se lo vio. Porque cada vez que lo abrazan continúa. Mira a la tribuna y llora. Se saca la camiseta para revoleara y llora. Pasan los minutos y continúa llorando. Lloran los hinchas. Llora Scaloni que tiene que abandonar la nota para la transmisión porque no puede hablar. Llora el relator. Llora el comentarista. Lloramos todos porque en el fondo nos damos cuenta que ese hombre que no se cansa de reescribir la historia del fútbol a cada rato ama tanto la pelota y es tan humano como nosotros.

Nota: Federico Galván.
Foto: @afaseleccion