Gabriel Ponce de León hizo lo que tenía que hacer en la pista. Ganó el TC2000 en Junín, festejó ante su gente y volvió a convertirse en el gran protagonista de una jornada que tuvo al automovilismo como centro de todas las miradas.
Sin embargo, cuando llegó el momento de la premiación, apareció otra escena que rápidamente llamó la atención: Pablo Petrecca y Juan Fiorini también se subieron al podio.
El exintendente y actual senador provincial, junto al actual intendente de Junín, se ubicaron junto a Ponce de León en el momento de mayor exposición de la jornada. El piloto quedó en el centro, con la copa en sus manos, mientras ambos dirigentes posaron sonrientes para las cámaras.
La imagen podría interpretarse simplemente como un gesto de acompañamiento institucional. Pero, políticamente, la escena también tiene otra lectura.
En una jornada en la que miles de vecinos se acercaron al autódromo “Eusebio Marcilla”, el triunfo de Ponce de León representaba una oportunidad inmejorable para cualquier dirigente que quisiera aparecer cerca de una celebración popular. Y Petrecca y Fiorini no la dejaron pasar.
La cuestión es que el festejo no era de ellos. El protagonista había sido Ponce de León, que había ganado en la pista y se había ganado con su propio esfuerzo el derecho a levantar la copa frente a su público. Pero a la hora de la foto, los dirigentes políticos también quisieron ocupar un lugar destacado.
Así, una victoria deportiva terminó ofreciendo también una conveniente postal política: Ponce de León en el centro, con el trofeo, y a sus costados Petrecca y Fiorini, sonrientes y aprovechando la repercusión de un acontecimiento que había generado entusiasmo y orgullo entre los juninenses.
No es la primera vez que la política busca asociarse a los momentos de alegría colectiva. Una inauguración, una obra, un festejo o, en este caso, un triunfo deportivo, siempre pueden convertirse en una vidriera para quienes gobiernan o aspiran a seguir teniendo protagonismo.
Esta vez, la vidriera fue el podio del TC2000.