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Casi la mitad de los comercios pyme dice que está peor y crece la alarma por la crisis del consumo

El 46,5% de los comerciantes consultados por CAME afirmó que la situación de su negocio empeoró durante agosto, dos puntos más que en julio.

Por Redacción

Domingo, 06 de septiembre de 2026 a las 17:53

La crisis del consumo vuelve a mostrar una de sus caras más preocupantes en los comercios pequeños y medianos. Las ventas minoristas pyme no logran recuperarse y, detrás de los números, aparece un dato que expone con claridad el deterioro de la actividad: el 46,5% de los comerciantes consultados aseguró que la situación de su negocio empeoró durante agosto.

El porcentaje representa dos puntos más que en julio, cuando el 44,5% había manifestado estar atravesando una situación negativa. Es decir, lejos de observarse una mejora, aumentó la cantidad de comerciantes que perciben un empeoramiento de sus negocios.

El dato surge del relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), que registró durante agosto una caída del 0,2% interanual en las ventas minoristas pyme. En comparación con julio, el retroceso fue del 2,7%, mientras que en los primeros ocho meses del año la actividad acumula una baja del 2,4%.

Más allá de la diferencia porcentual entre un mes y otro, el panorama refleja una economía en la que el consumo continúa sin encontrar un piso firme. Los hogares tienen cada vez menos margen para gastar y los comerciantes enfrentan mayores dificultades para transformar esa demanda debilitada en ventas.

Casi la mitad ve deteriorarse su negocio

El 46,5% que manifestó un empeoramiento de su situación constituye uno de los datos más significativos del relevamiento. Casi uno de cada dos comerciantes consultados observa que su negocio está peor que un año atrás.

En tanto, el 47,4% consideró que su nivel de actividad se mantuvo estable y apenas el 6,1% afirmó haber registrado una mejora.

La fotografía resulta todavía más significativa si se observa la evolución mensual: en julio, quienes advertían un deterioro representaban el 44,5%. En agosto, ese porcentaje trepó al 46,5%.

La señal de alarma no aparece solamente en las ventas. También se refleja en las expectativas y en las decisiones empresariales. El 57,9% de los comerciantes considera que no es un buen momento para realizar nuevas inversiones, mientras que solamente el 13,5% cree que sí lo es.

Menos poder de compra, menos consumo

El debilitamiento de las ventas está directamente relacionado con una situación que afecta a los consumidores: la pérdida de capacidad de compra.

El aumento de las tarifas de los servicios, el endeudamiento de las familias y la necesidad de destinar una mayor parte de los ingresos a los gastos cotidianos reducen el dinero disponible para consumir.

En ese escenario, las familias deben establecer prioridades. Se compra lo indispensable y se posterga todo aquello que puede esperar. La consecuencia se siente especialmente en los comercios que dependen de compras que no son consideradas urgentes.

Así, la crisis económica termina trasladándose de los hogares a los mostradores. Cuando el consumidor reduce sus gastos, el comerciante vende menos. Y cuando vende menos, reduce la reposición de mercadería, posterga inversiones y busca promociones o descuentos para intentar sostener el movimiento.

Los costos también golpean a los comerciantes

A la menor demanda se suma otro problema: los costos continúan presionando sobre la rentabilidad.

Los aumentos de precios mayoristas, los costos de fletes y la competencia de productos importados de menor valor complican todavía más la situación de los comercios nacionales.

Con menos ventas y mayores costos, los márgenes se achican. Por eso, muchos comerciantes recurren a descuentos por pago contado, promociones bancarias y liquidaciones para intentar atraer consumidores y desprenderse de mercadería acumulada.

La menor disponibilidad de cuotas sin interés también limita una herramienta que durante años fue clave para estimular el consumo.

El resultado es una ecuación difícil de sostener: consumidores con menos capacidad de compra, comercios que venden menos y empresarios que enfrentan costos cada vez más elevados.

Algunos sectores resisten, pero la tendencia general sigue siendo negativa

El comportamiento fue diferente según el rubro. Perfumería registró el mayor crecimiento interanual, con una suba del 12,8%, seguida por Textil e indumentaria, que aumentó 6,4%.

También tuvieron resultados positivos Calzado y marroquinería, con una mejora del 1,2%, y Ferretería, materiales eléctricos y materiales para la construcción, con un incremento del 0,3%.

Sin embargo, otros sectores mostraron retrocesos. Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles cayó 4,8%; Alimentos y bebidas bajó 2,5%, y Farmacia registró una disminución del 0,5%.

Los números muestran que algunos sectores consiguen sostener la actividad, pero no alcanzan para modificar el panorama general de un consumo que continúa debilitado.

El comercio online crece, pero el consumo no despega

El comercio electrónico fue uno de los pocos indicadores claramente positivos. Las ventas online realizadas por comercios que también tienen locales físicos aumentaron 17,6% interanual y 0,4% respecto de julio.

El crecimiento demuestra que los hábitos de compra continúan modificándose y que los consumidores buscan alternativas para conseguir mejores precios o promociones.

Pero el avance del canal digital no logra compensar la debilidad general del consumo. El problema no parece ser solamente dónde compra la gente, sino cuánto puede comprar con el dinero que tiene disponible.

Una señal que vuelve a poner a la economía bajo presión

El dato más preocupante del informe no está únicamente en la caída de las ventas. Está en la percepción de quienes sostienen diariamente la actividad comercial.

Que el 46,5% de los comerciantes afirme que su negocio empeoró, y que esa proporción haya aumentado respecto de julio, muestra que el deterioro no es una percepción aislada. Se trata de una señal que atraviesa a buena parte del comercio pyme.

Mientras tanto, el 2,4% de caída acumulada en las ventas durante los primeros ocho meses del año confirma que el consumo continúa lejos de recuperar dinamismo.

La economía puede mostrar determinados indicadores positivos en algunos sectores o canales de venta, pero en los comercios de cercanía la realidad aparece de manera mucho más concreta: menos clientes dispuestos a gastar, compras más pequeñas, productos que se postergan y comerciantes que deben multiplicar promociones para intentar sostener sus negocios.