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Murió Taty Almeida, histórica referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora

La dirigente de derechos humanos falleció este domingo a los 95 años. Convirtió la desaparición de su hijo Alejandro en una lucha incansable por memoria, verdad y justicia que atravesó más de cuatro décadas de democracia argentina

Por Redacción

Domingo, 14 de junio de 2026 a las 21:29

La muerte de Taty Almeida provocó una profunda conmoción en los organismos de derechos humanos, el ámbito político y numerosas organizaciones sociales de todo el país. Tenía 95 años y era una de las figuras más emblemáticas de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, espacio desde el que sostuvo durante décadas el reclamo por memoria, verdad y justicia.

Su nombre completo era Lidia Estela Mercedes Miy Uranga. Había nacido el 28 de junio de 1930 en el barrio porteño de Belgrano y trabajó como maestra de grado durante varios años. Sin embargo, su vida cambió para siempre a partir de la desaparición de su hijo Alejandro Almeida.

Alejandro estudiaba Medicina, trabajaba en Télam y militaba en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP). Tenía apenas 20 años cuando fue secuestrado y desaparecido el 17 de junio de 1975, durante el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

Tras la desaparición, Taty encontró una agenda con poemas escritos por Alejandro. Uno de ellos incluía el célebre verso: “Si la muerte me sorprende…“

Décadas después esos textos fueron publicados por ella en un libro y se transformaron en parte de la memoria colectiva de los organismos de derechos humanos

Con el paso de los años, Taty solía resumir el impacto que aquella tragedia tuvo en su propia transformación personal con una frase que se volvió célebre: “Alejandro me parió a mí”.

Explicaba así que fue recién después de la desaparición de su hijo cuando comenzó a conocer en profundidad su militancia política y a comprender muchas de las luchas que habían marcado su compromiso.

De la búsqueda individual a la construcción colectiva

La búsqueda comenzó desde el primer día. En 1979, en plena dictadura militar, se acercó a las Madres de Plaza de Mayo, donde encontró un espacio de contención, organización y resistencia junto a otras mujeres que atravesaban el mismo dolor.

Allí conoció a referentes como Esther Sánchez, Nelly Stagnaro, Laura Conte y Nora Cortiñas. Con el tiempo integró el sector que posteriormente conformaría Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, organización desde la cual desarrolló una intensa actividad en defensa de los derechos humanos.

Taty había nacido en una familia vinculada al Ejército: su padre era oficial de Caballería, su hermano fue coronel y sus hermanas se casaron con militares. Cuando desapareció Alejandro, inicialmente recurrió a esos contactos para buscar ayuda. La búsqueda terminó transformando por completo su mirada política y su vida.

Durante casi cuatro décadas participó de marchas, actos, conferencias y actividades educativas en todo el país. Su presencia se volvió habitual en las rondas de los jueves en Plaza de Mayo y en cada convocatoria vinculada con los reclamos de memoria, verdad y justicia.

Una voz imprescindible de la democracia argentina

Más allá de la búsqueda de su hijo, Taty Almeida amplió su militancia hacia numerosas causas sociales y democráticas.

Su figura trascendió los organismos de derechos humanos y se convirtió en una referencia para distintas generaciones.

Quienes compartieron años de militancia con ella destacan su capacidad para dialogar con los jóvenes y transmitir la importancia de mantener viva la memoria histórica.

Durante décadas caminó junto a su inseparable compañera Nora Cortiñas, fallecida en 2024, con quien conformó uno de los binomios más reconocidos de la lucha por los derechos humanos en Argentina.

El legado que deja Taty Almeida

En los meses previos al 50° aniversario del golpe de Estado de 1976, Taty había reflexionado sobre el legado de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. “Quedamos 3 madres y 2 abuelas, pero estamos tranquilas porque la posta ya la hemos pasado”, expresó entonces.

La frase sintetizaba una preocupación que la acompañó durante sus últimos años: garantizar la continuidad de la lucha por la memoria cuando ya no estuvieran las protagonistas directas del terrorismo de Estado.

Con su muerte desaparece una de las protagonistas más importantes de la historia reciente argentina. Su legado, construido a partir del dolor, la perseverancia y el compromiso democrático, permanecerá asociado para siempre a la búsqueda de los desaparecidos y a la defensa de los derechos humanos.

Fuente infocielo