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El petróleo se desploma en el mundo pero las petroleras no bajarán los precios de la nafta en Argentina

El histórico acuerdo entre Estados Unidos e Irán provocó una caída inmediata en el valor internacional del crudo, pero las empresas locales mantendrán los precios máximos para asegurar sus márgenes, perjudicando de forma directa a los consumidores

Por Redacción

Jueves, 18 de junio de 2026 a las 09:14

El restablecimiento del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz que se anuncia tras el acuerdo firmado en la emblemátic Versalles francesa por el presidente estadounidense Donald Trump y el gobierno de Irán, alteró el escenario energético global.

El pacto, interpretado por analistas internacionales como una derrota de capitulación por parte de Washington ante las exigencias de Teherán para levantar las sanciones petroleras, provocó una caída inmediata del crudo Brent, que se posicionó en torno a los USD 82 luego de superar los USD 110 durante el bloqueo de más de 100 días.
Sin embargo, esta drástica reducción del costo de la materia prima a nivel internacional no se reflejará en las estaciones de servicio argentinas, dando lugar a una malvada costumbre muy criolla: los precios internos suben con la guerra, pero no bajan con la paz.

“El presidente Trump firmó esta noche en Versalles el acuerdo entre Irán y Estados Unidos“, declaró el anfitrión Emmanuel Macron.

“Este acuerdo allana el camino hacia una paz duradera y permite la reapertura del estrecho de Ormuz”, agregó

“Este es un paso importante en la dirección correcta para nuestros conciudadanos y pronto conducirá a una disminución en los precios de la energía“, dijo el presidente francés.

Argentina es otro tema, casi otro planeta.

La subida en el surtidor durante la crisis energética
Antes del cierre del pasaje estratégico Ormuz a fines de febrero de 2026, el litro de nafta súper en el mercado argentino promediaba los USD 1,12. En la red de estaciones de la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, YPF comercializaba la nafta súper a $1.357, con un dólar similar al actual.

En ese esquema previo, las opciones premium oscilaban entre los $1.603 de la petrolera estatal.

Con el estallido del conflicto bélico a más de 17.000 kilómetros de distancia, las refinadoras locales indexaron los precios en bloque, eliminando cualquier brecha regulatoria. El valor en moneda dura trepó un 24,3% hasta alcanzar un promedio de USD 1,40 por litro, consolidando a la Argentina como el país exportador de la región que más encareció sus combustibles durante la crisis.

Hoy, el precio de la nafta súper en las pizarras se encuentra unificado y consolidado en torno a los $2.100 por litro (en el interior del país aún bastante más), tanto en YPF como en las estaciones privadas, cristalizando el techo alcanzado durante el conflicto.

La baja del petróleo no llegará al bolsillo de los argentinos
La resistencia a una reducción de precios responde a factores regulatorios y financieros propios del mercado doméstico. Las compañías petroleras sostienen que durante la escalada del crudo no trasladaron la totalidad del aumento internacional de manera directa para amortiguar el impacto inflacionario.

Tras la firma del tratado en Francia y la consecuente baja del petróleo crudo, las empresas locales aplicarían un período de compensación de márgenes de al menos 60 días, manteniendo los valores máximos actuales para absorber lo que ellos denominan “pérdidas acumuladas” durante la fase más crítica del conflicto. En realidad, más que “pérdidas”, se trata de lo que no pudieron ganar en estos meses.

Factores que argumentan para “sostener los precios”
A este desfasaje técnico se suman las variables macroeconómicas internas. La aplicación pendiente de ajustes en los impuestos a los combustibles líquidos neutralizan cualquier posibilidad de una reducción nominal en pesos.

De esta manera, mientras el mercado global asiste a un derrumbe del valor internacional del petróleo impulsado por la vía diplomática, el consumidor argentino continuará pagando el combustible a valores equivalentes a los de la etapa más tensa de la guerra.

El resultado es una paradoja difícil de explicar para los usuarios, aunque muy típica de los estándares argentinos: cuando el petróleo sube por una guerra, los aumentos llegan rápidamente al surtidor; cuando baja por un acuerdo de paz, los beneficios tardan en aparecer o directamente no se trasladan.

En los hechos, la Argentina seguirá convalidando un esquema en el que los combustibles mantienen precios de guerra aun cuando el mundo celebra el regreso de la estabilidad energética.

Fuente infocielo