Durante varias semanas, un grupo de delincuentes logró poner en jaque a distintos barrios privados del noroeste de la provincia de Buenos Aires con una modalidad tan audaz como inquietante. Sus golpes parecían calcados de una película: vigilancia previa, movimientos coordinados, ataques en plena madrugada y una fuga rápida antes de que alguien pudiera reaccionar.
La investigación, que estuvo a cargo de detectives de la DDI Junín y la SubDDI Lincoln bajo la supervisión de los fiscales Martín Laius y Fernanda Sánchez, comenzó a tomar forma después de una serie de robos violentos ocurridos en countries de Junín y Lincoln.
Uno de los detalles que más sorprendió a los investigadores fue el método que utilizaron para ingresar a uno de los barrios privados: cavaron un túnel para atravesar el alambrado perimetral y entrar sin ser detectados por los sistemas de seguridad. Ese dato reveló el nivel de planificación del grupo y reforzó la hipótesis de que se trataba de una banda organizada, con roles definidos y una logística preparada para cada golpe.
El primer episodio que encendió las alarmas ocurrió el 19 de febrero en el barrio cerrado Chacras del Camino, en la ciudad de Lincoln. Aquella noche, cuatro delincuentes armados lograron atravesar el cerco perimetral tras cortar el alambrado y se dirigieron directamente a una vivienda.
Dentro de la casa sorprendieron a la pareja que vivía allí. Los ataron con precintos y, para evitar que presenciaran el asalto, llevaron a los hijos del matrimonio a otra habitación mientras recorrían cada ambiente en busca de dinero y objetos de valor. El golpe fue rápido y efectivo: los ladrones escaparon con un botín compuesto por 20.000 dólares, tres teléfonos iPhone y una escopeta calibre 16.
El asalto generó una fuerte preocupación entre los vecinos del barrio, que hasta ese momento consideraban al lugar como un espacio seguro.
Semanas después, el 3 de marzo, la banda volvió a aparecer en escena. Esta vez el objetivo era el barrio privado San Ignacio, en Junín. Los delincuentes intentaron vulnerar nuevamente el cerco perimetral, pero un guardia de seguridad detectó movimientos sospechosos cuando observó a cuatro hombres manipulando el alambrado.
El alerta obligó a los intrusos a escapar antes de concretar el robo. Aunque el golpe quedó frustrado, ese episodio aportó información clave para los investigadores, que comenzaron a analizar cámaras de seguridad y movimientos en la zona.
La banda no tardó en volver a actuar. El 9 de marzo, durante la madrugada, los delincuentes ingresaron al barrio Costa Verde, también en Junín. En esa ocasión lograron entrar a dos viviendas distintas y sorprendieron a las familias mientras dormían.
Las víctimas fueron reducidas y atadas mientras los asaltantes recorrían la casa en busca de dinero, joyas y cualquier objeto de valor. El botín incluyó dinero en efectivo, cerca de 500.000 pesos, tarjetas de crédito, joyas y distintas pertenencias personales. Aunque el episodio fue violento y generó momentos de extrema tensión para las víctimas, ninguna de ellas resultó herida.
Tras la seguidilla de robos, los detectives comenzaron a reconstruir el recorrido de los sospechosos a partir del análisis de cámaras de seguridad, testimonios y comunicaciones. Poco a poco, las piezas del rompecabezas empezaron a encajar.
Una de las pistas clave fue la aparición de una pick-up Nissan Frontier azul en las inmediaciones de los barrios atacados. Ese vehículo permitió orientar la investigación y seguir el rastro de los sospechosos.
Con esa información, la policía montó un operativo encubierto que finalmente condujo hasta un galpón en la ciudad de Capitán Sarmiento. Allí fueron detenidos dos hombres de 39 y 22 años, señalados por los investigadores como integrantes de la organización y presuntamente como el cabecilla del grupo y su hermano.
Durante el procedimiento, los agentes realizaron una requisa en el lugar y encontraron un arsenal que reforzó la hipótesis de que la banda estaba preparada para actuar con extrema violencia si algo salía mal.
Entre lo secuestrado había:
- Pistolas Taurus calibre 9 mm y .45 con pedido de secuestro
- Una Bersa Thunder 9 mm
- Una ametralladora Halcón ML.62 calibre 9 mm equipada con silenciador
- Una escopeta recortada calibre 16
- Municiones, cargadores, guantes y herramientas
- Teléfonos celulares que ahora serán peritados
Para los investigadores, el hallazgo del armamento refuerza la hipótesis de que la banda estaba preparada para enfrentar cualquier situación durante los golpes.
Los dos detenidos quedaron imputados por robo calificado reiterado, robo en tentativa y tenencia de armas de guerra, y permanecen a disposición de la Justicia.
Sin embargo, para los investigadores el caso todavía no está cerrado. Sospechan que la banda podría tener más integrantes y que estaría vinculada con otros robos cometidos en barrios cerrados de la provincia de Buenos Aires.
Mientras avanzan los peritajes sobre los celulares secuestrados y el resto de las pruebas, los detectives intentan reconstruir la estructura completa de la organización que, durante semanas, logró ejecutar golpes con una precisión y una logística que parecían sacadas de un guion cinematográfico.
Fuente infocielo