Pablo Petrecca ha decidido que el Senado provincial es un buen lugar para estar, pero quizás no el definitivo. Tras asumir la vicepresidencia del PRO bonaerense bajo la mirada atenta de Mauricio Macri, el exintendente de Junín ha dejado entrever que su verdadera meta no es solo conducir el bloque legislativo, sino mudarse finalmente a la Gobernación en 2027.
En un despliegue de optimismo clásico del espacio, Petrecca llamó a la unidad para salvar a la provincia de la "desidia", apelando a los valores fundacionales del partido como si el calendario electoral no hubiera avanzado desde 2015. Su estrategia parece ser la de resistir el archivo: tras 10 años en la intendencia de Junín, el senador se presenta ahora como la renovación necesaria, confiando en que el "método PRO" sea suficiente para ordenar un territorio que históricamente ha sido alérgico a las soluciones de manual.
La jugada política tiene su lógica de supervivencia. En un tablero donde el partido amarillo se debate entre ser absorbido por las fuerzas del cielo o mantener su propia mística, Petrecca se aferra a la estructura territorial. Su asunción en la Mesa Ejecutiva no es solo un cargo administrativo; es el intento de demostrar que todavía hay vida —y ambiciones— fuera de las alianzas con La Libertad Avanza. El mensaje fue claro: primero la identidad, después los acuerdos. O, traducido al lenguaje político: primero aseguremos que el PRO siga existiendo para tener algo que negociar en 2027.
Con el respaldo de la cúpula nacional, Petrecca comienza a caminar la provincia con el currículum de gestión local bajo el brazo. La ilusión de llegar al sillón de Dardo Rocha está planteada, aunque el camino dependa tanto de su capacidad de convencer a los propios como de que el electorado bonaerense decida, efectivamente, que la solución a sus problemas es volver a una receta que ya conoce.